Cultural
Bufones, músicos, malabaristas, animales, lunas y viajeros aparecen en las escenas. Los personajes parecen integrar una compañía fantástica; cada uno sugiere una historia.
En lienzo
Companoca explica que la serie nace de su interés por crear espacios situados entre lo real y lo imaginario. Su fascinación por el circo comenzó en la infancia.
El artista recuerda la atracción que le producía la vida itinerante; también la posibilidad de viajar, hacer magia y realizar malabarismos.
Su propuesta no busca reproducir un espectáculo tradicional. Lo convierte en un “gran teatro de los sueños”. Allí lo imposible puede ocurrir con naturalidad.
La infancia es una de sus principales fuentes de inspiración. En esa etapa, cualquier objeto puede convertirse en algo extraordinario. Esa capacidad de asombro está presente en las siete obras.
Imaginación
El juego también ocupa un lugar central. Las pinturas parten de situaciones que desafían la lógica cotidiana y plantean preguntas. Las respuestas aparecen en imágenes donde realidad y fantasía conviven. No necesitan una explicación única. El público puede completar las escenas con su propia imaginación.
“No se trata de volver a ser niños, sino de conservar la capacidad de sorprendernos, imaginar y pensar que todavía existen cosas por descubrir”, señala el pintor.
La serie incorpora, además, animales de la región. Las llamas forman parte de este universo suspendido entre el recuerdo y el sueño.
11
de octubre es el último día para ver la muestra de Companoca.