• MIÉRCOLES 16
  • de setiembre de 2026

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Arqueología

Última morada

Excavación revela que iglesia colonial fue usada para entierros luego de ser abandonada.


Editor
Ernesto Carlín Gereda

Editor de Culturales

ecarlin@editoraperu.com.pe


Así lo explicó a El Peruano el arqueólogo Jefrin Ascencio Falla, quien dirige, junto con la arqueóloga Alicia Espinosa, la cuarta temporada de investigaciones del Proyecto Arqueológico Guadalupe. El trabajo busca conocer los efectos de la colonización española sobre las poblaciones andinas.

De templo a camposanto

Las excavaciones de esta temporada se concentraron en dos sectores de la iglesia: el ingreso principal y el altar mayor. En el primero se identificaron 13 contextos funerarios, correspondientes a adultos y subadultos que habitaron el Pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe durante el periodo comprendido entre 1570 y 1619.

Para Ascencio, estos entierros forman parte de una práctica propia de los primeros tiempos de la evangelización. La población era enterrada dentro de las iglesias debido a que todavía no existían cementerios como los que se establecerían posteriormente.

La historia del templo está vinculada además con el proceso de reducción de poblaciones indígenas impulsado durante el gobierno del virrey Francisco de Toledo. Según explicó el investigador, el lugar recibió financiamiento asociado a Toledo. También existía un interés particular por la advocación de la Virgen de Guadalupe, a la que había sido encomendado el pueblo.

Después del terremoto

El hallazgo más llamativo apareció en el sector del altar mayor. Allí se registraron 56 contextos funerarios, todos correspondientes a individuos subadultos, es decir, niños y jóvenes.

La particularidad es que estos entierros se encontraban sobre los escombros que cubrieron la iglesia durante el terremoto del 14 de febrero de 1619. La evidencia arqueológica indica, por tanto, que las personas continuaron utilizando este espacio para enterrar a sus muertos, aunque el templo ya había quedado inutilizable.

Los análisis de carbono 14 resultaron fundamentales para establecer esta secuencia. Las fechas obtenidas para algunos de los restos son posteriores al terremoto. El resultado permite demostrar que el uso funerario del lugar sobrevivió a la destrucción de la iglesia.

Para el arqueólogo, este dato resulta especialmente significativo porque muestra que el abandono del edificio no implicó necesariamente el abandono inmediato del espacio.

La antigua iglesia conservó una función vinculada con la comunidad, incluso después de quedar sepultada por los escombros.

Niños entre las ruinas

La concentración de entierros de niños en el área del altar abre además una línea de investigación poco conocida. Ascencio señaló que existe poca información histórica sobre esta práctica, debido a que este tipo de acontecimientos no siempre quedó registrado en los documentos de la época.

Uno de los entierros presentó, además, un collar de cuentas. El objeto asociado al individuo constituye una evidencia que sugiere una ocupación durante el periodo Colonial Tardío.

La investigación permite así reconstruir una historia más prolongada de la antigua iglesia. El edificio fue levantado después de 1570, funcionó como espacio religioso y funerario, quedó inutilizado por el terremoto de 1619 y, pese a ello, continuó recibiendo entierros.

Más que un conjunto de ruinas, Anlape aparece como un espacio que mantuvo vínculos con la población a través del tiempo. Las tumbas posteriores al desastre muestran que la memoria del lugar sobrevivió a la desaparición de la iglesia.

Dato

69 contextos funerarios fueron hallados en reciente temporada de excavación.