Derecho
Yasser Málaga Yllpa
Docente-Universidad Científica del Sur
La profesión nació vinculada al registro y al orden de las operaciones económicas, pero hoy su alcance es mucho mayor. El contador interpreta información, advierte riesgos, aporta evidencia y contribuye a decisiones que pueden comprometer el futuro de una empresa, la sostenibilidad de una organización o el uso responsable de los recursos públicos. Esa responsabilidad cobra especial relevancia en un país que necesita instituciones más sólidas, mayor transparencia y mejores decisiones. La contabilidad, ejercida con rigor e integridad, no es solo una herramienta técnica, es también una forma de responsabilidad con la sociedad.
A este desafío se suma una transformación profunda. La inteligencia artificial, la automatización y la analítica de datos están modificando tareas que durante décadas parecían inseparables del trabajo contable. Resistirse a ese cambio sería desconocer el tiempo que vivimos; asumirlo sin criterio sería igualmente riesgoso.
El reto no es competir con la tecnología, sino elevar aquello que nos distingue de ella: el juicio profesional, el pensamiento crítico, la comprensión del contexto y, sobre todo, la responsabilidad ética frente a las consecuencias de nuestras decisiones.
Desde la academia, esta transformación interpela directamente. Formar contadores ya no puede limitarse a transmitir normas, procedimientos o técnicas. Se deben formar profesionales capaces de preguntar antes de aceptar, analizar antes de concluir y comprender que detrás de cada decisión existen personas, organizaciones y recursos que merecen ser gestionados con responsabilidad. En este contexto, conmemorar el Día del Contador Público significa mucho más que celebrar una profesión. Es una oportunidad para reconocer el camino recorrido y, al mismo tiempo, preguntarnos qué clase de profesionales queremos ser y qué podemos aportar al país desde aquello que sabemos hacer.
Las herramientas cambiarán. Los estándares evolucionarán. Algunas tareas desaparecerán y otras surgirán. Pero mientras una sociedad necesite información confiable para decidir, invertir, administrar y rendir cuentas, seguirá necesitando profesionales capaces de respaldarla con conocimiento, criterio e integridad. Porque el verdadero patrimonio del contador no está solo en aquello que puede cuantificar, sino también en la confianza que es capaz de construir y en la responsabilidad de merecerla.