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El informe oficial, enviado el lunes al Congreso y del que informaron ayer varios medios estadounidenses, también revela que el objetivo completo de la misión del Pentágono en Irán permanece “clasificado”.
Eso implica que la guerra contra Irán lanzada junto a Israel podría tener otras metas que EE. UU. no ha hecho públicas, más allá de las que ya ha indicado el Pentágono y que consisten en destruir el programa nuclear iraní, su producción e inventario de drones y misiles ofensivos y otras infraestructuras militares.
El informe del inspector general, una figura que supervisa el funcionamiento interno del Departamento de Defensa, cubre los primeros cuatro meses de guerra contra Irán, desde su inicio el pasado 28 de febrero hasta el 30 de junio, y supone el primer balance oficial del Pentágono sobre el impacto de la guerra.
En ese periodo, “los ataques iraníes dañaron y destruyeron cientos de edificios y estructuras en bases estadounidenses en Kuwait, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Irak, Omán y Jordania”.
Además, “decenas de aviones estadounidenses resultaron destruidos o dañados”, incluidos 30 drones Reaper y cuatro aeronaves de combate F-15, indica el informe, que cita datos proporcionados por el Mando Central de EE. UU.
La destrucción de la principal base logística de EE. UU. en Baréin dificulta sostener la guerra, pues el puerto británico de Diego García alarga a entre 14 y 18 días el traslado de suministros al golfo Pérsico.
¿Sin municiones?
Los ataques de Irán han causado además daños de unos 184 millones de dólares en las embajadas y consulados estadounidenses en Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. La guerra ha matado al menos a 18 combatientes estadounidenses y herido a otros 417. Aunque el Pentágono sigue negando que EE. UU. tenga problemas con las municiones para continuar la guerra, el informe del inspector general menciona “una escasez estratégica en el inventario” y problemas de reabastecimiento.