Opinión
Directora ejecutiva del programa Juntos
En Chuschi, Ayacucho, donde comenzó esta intervención, 805 hogares recibieron por primera vez el incentivo monetario de Juntos. Lo que entonces fue una experiencia focalizada se convirtió, con los años, en una intervención de alcance nacional que hoy acompaña a más de 792,000 hogares.
La evidencia se refleja en resultados concretos. Actualmente, más de 1.5 millones de miembros objetivo –es decir, gestantes, niños y adolescentes– cumplen sus corresponsabilidades en salud o educación. En junio de 2026, más de 87,000 niños menores de 12 meses accedieron al paquete integrado de salud; y en educación, más de 1.1 millones de estudiantes cumplen sus corresponsabilidades.
Estos resultados deben leerse a la luz de la evidencia acumulada. Un estudio global elaborado por Unicef destacó los avances del Perú en la reducción de la pobreza infantil multidimensional durante las últimas dos décadas, gracias a intervenciones como la de Juntos.
Esta evidencia, sumada a la experiencia acumulada, sustentó el rediseño de la intervención en 2020. Una de sus principales innovaciones fue el establecimiento de transferencias diferenciadas, vinculadas a distintas etapas y necesidades de los hogares.
Este cambio permitió ampliar el acompañamiento hacia nuevas etapas de la vida y nuevas oportunidades. Así surgió la estrategia para promover el acceso a la educación superior, logrando, entre 2020 y 2025, que más de 21,000 jóvenes provenientes de hogares usuarios ingresen a diversas universidades del país.
Para las usuarias se implementó el Plan Mi Independencia Económica, iniciativa que promueve el emprendimiento y busca ampliar las oportunidades de generación de ingresos con el objetivo de lograr una mayor autonomía financiera.
Después de veintiún años, Juntos mantiene la misión con la que comenzó su historia en Chuschi, pero también ha incorporado nuevos desafíos: contribuir a la reducción de la anemia y la desnutrición, acompañar a los adolescentes en el tránsito hacia la educación superior y promover que más usuarias desarrollen emprendimientos. La diferencia es que ahora contamos con más experiencia y evidencia para orientar nuestra intervención. El objetivo sigue siendo el mismo: que la pobreza no determine el futuro de ningún niño.