Editorial
El esfuerzo anunciado es amplio y toca sostenerlo, financiarlo, ejecutarlo y darle continuidad más allá de un Gobierno. La educación no admite reinicios permanentes
Apenas tres de cada diez colegios cuentan al mismo tiempo con agua, desagüe y electricidad, mientras que más de 26,000 locales tienen condiciones de riesgo. Es difícil hablar de calidad educativa cuando miles de alumnos todavía estudian en locales que no reúnen condiciones básicas.
Por eso resulta relevante que la reforma plantee la construcción de 2,000 colegios y la modernización de otros 3,000.
También se propone resolver uno de los problemas menos visibles, pero que más traban la inversión: el saneamiento físico-legal de los terrenos. Si este obstáculo se puede superar, será posible acelerar obras que llevan esperando demasiado tiempo.
Hay otro desafío urgente: la conectividad. El plan busca pasar de una cobertura de internet de 28% a 100% durante 2027, mediante una solución satelital.
En un país con enormes diferencias entre zonas urbanas y rurales, cerrar esa brecha ya no es un lujo. Es parte de las condiciones mínimas para que un estudiante pueda acceder a las mismas herramientas que otro, sin importar dónde viva.
Pero una nueva infraestructura, por sí sola, no garantiza mejores aprendizajes. Ahí está quizá la parte más importante de la reforma. El Gobierno plantea recuperar la lectura, fortalecer matemática, escritura, ciencias, educación cívica, valores, inglés y educación financiera, además de actualizar el currículo. También propone una hora diaria de lectura y una mayor participación de los padres.
El maestro tampoco puede quedar fuera. La capacitación y evaluación docente tendrán, según lo anunciado, un enfoque formativo. La idea declarada es mejorar el desempeño y no convertir la evaluación en un mecanismo de castigo. A la vez, se plantean mayores requisitos para ingresar a la Carrera Pública Magisterial.
Otro cambio interesante está en los directores. El plan contempla una Escuela Nacional de Directores para formar líderes capaces de concentrarse menos en los trámites y más en conducir sus comunidades educativas. Es una tarea que suele recibir menos atención, pero puede tener un efecto directo en la vida cotidiana de las escuelas.
Finalmente, el plan incorpora educación para el trabajo, fortalecimiento de cursos técnicos, modernización de los Cetpro y becas vinculadas con las necesidades productivas.
El esfuerzo anunciado es amplio y toca sostenerlo, financiarlo, ejecutarlo y darle continuidad más allá de un Gobierno. La educación no admite reinicios permanentes. Si algo funciona, debe continuar; si algo no funciona, debe corregirse. Sobre todo, medir periódicamente si las metas se están cumpliendo.