Editorial
“La democracia se fortalece cuando la participación se ejerce con respeto, cuando las diferencias encuentran espacios para expresarse y cuando el diálogo permite reconocernos como parte de una misma sociedad”.
Esa pluralidad también influye en la vida cotidiana: en las formas de organizarse, cuidar lo común y resolver diferencias. En una sociedad tan diversa, las personas no siempre comparten las mismas ideas, realidades o necesidades. Estas experiencias con su entorno y vínculos colectivos influyen en sus prioridades, en la manera en que imaginan el país y en sus aspiraciones de futuro.
Allí está uno de los grandes desafíos de la democracia: representar una sociedad diversa, resolver sus diferencias y construir acuerdos que mejoren la vida de las personas. Durante las elecciones, estas diferencias se hacen más visibles. Por eso, es fundamental saber dialogar, recuperar la confianza y reconocer al otro como un interlocutor legítimo, incluso desde la diferencia.
En ese sentido, la democracia y la paz se refuerzan mutuamente: la democracia convierte el desacuerdo en deliberación, participación y reglas compartidas; y la cultura de paz crea las condiciones para que esto ocurra sin miedo, violencia ni exclusión. Ambas son bases necesarias para sociedades prósperas y fuertes.
Cuando pasen las elecciones, las personas seguirán compartiendo espacios y vínculos comunitarios. Ahí también se pone a prueba la democracia en la capacidad de aceptar y respetar la voluntad ciudadana pese al desacuerdo, recomponer la confianza y transformar la pluralidad en convivencia.
Hoy, Día Internacional de la Paz, y a pocas semanas de las Elecciones Regionales y Municipales, ponemos en relieve y nos sumamos a la campaña “La cultura que nos une, la cultura de paz”, impulsada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Unión Europea, y en alianza con los tres organismos electorales. Un llamado a elegir con respeto y competir con propuestas, reconociendo que las diferencias pueden sostener la convivencia democrática y la paz social.
Esta iniciativa convoca a una responsabilidad compartida. A la ciudadanía, a ejercer sus derechos políticos con tolerancia hacia quienes tienen otras preferencias; a las candidatas y los candidatos, a sostener un debate firme, plural, respetuoso y basado en propuestas, manteniendo el bien del país como horizonte común; y a las instituciones, medios, espacios digitales y liderazgos sociales, a rechazar ataques personales y discursos de odio, y abrir espacios de diálogo que conecten voces, territorios y experiencias.
La democracia se fortalece cuando la participación se ejerce con respeto, cuando las diferencias encuentran espacios para expresarse y cuando el diálogo permite reconocernos como parte de una misma sociedad. La cultura de paz cumple una función también en lo que viene después del momento electoral: la posibilidad de convivir en la diferencia sin que se rompa la paz.