Opinión

Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y RR. II. de la Universidad Científica del Sur
Antes, era una élite la que accedía a este registro del conocimiento y aprovechaba sus ventajas. Pero la misma acción de leer no es neutra. Adquiere un sentido orientador según el catálogo que se revisa. Los libros pueden moldear la forma de entender las cosas.
Por este motivo, si el repertorio que se analiza aborda solo un tema único y homogéneo, aumentan las posibilidades de una visión del mundo monolítica y cerrada; en consecuencia, genera un efecto contrario a la receptividad y al aprendizaje, al convertirse en un instrumento de validación de un único tipo de pensamiento. Ello, obviamente, conduce a la intolerancia y a un razonamiento que apela a fuentes librescas para autorreferenciarse como legítimo por el hecho de que las referencias son las obras. Y ha sucedido muchas veces que la obra escrita es transfigurada en una fuente sagrada, como si lo expuesto allí fuera un imperativo inamovible dictado para no cuestionarse.
Esa sacralización de las ideas que contienen los libros es contraria a la tesis de que leer es más bien una acción liberadora. Por lo tanto, cuanto más diverso se lee, más apertura mental y más posibilidades hay para entender las formas que adquieren las perspectivas, incluso las antagónicas. No se trata de asumir lo que está escrito como mantras u órdenes incuestionables, sino de que son orientaciones, rutas posibles, caminos que pueden ser recorridos. Ello no los exonera de que puedan estar errados y equivocados. Podemos aceptar que el conocimiento es falible, temporal y revisable.
Así, leer puede ser tanto una maravillosa demostración de libertad como de sujeción. La respuesta para minimizar sesgos y enfoques acotados es convertir la lectura en un hábito con flexibilidad para acercarse críticamente a textos diversos. Leer es un placer y un momento sublime, tanto personal como en sus probabilidades corales y cívicas. Por eso, el intercambio de pareceres sobre lo que se ha leído tiene un potencial democrático, es disolvente de autoritarismos y un engranaje de diálogo permanente. Sin embargo, lo que revisamos tiene una carga de significados e interpretaciones que debemos asumir con responsabilidad y sensatez.
Cada obra provoca emociones múltiples y puede instalar creencias que tienen un impacto esencial en nuestras vidas. Incluso las lecturas pueden ser direccionadas para configurar un modo de conocimiento. De ese modo, escojamos siempre textos con pluralidad de perspectivas y alegría de aprendizajes permanentes, ya que no solo somos lo que leemos sino cómo críticamente lo evaluamos.