Opinión
“La brújula está calibrada correctamente; ahora corresponde transitar este camino con perseverancia, asegurando que el crecimiento económico se traduzca en oportunidades reales para el desarrollo humano en cada rincón del territorio”.
Esta semana, la estabilidad macroeconómica del Perú fue proyectada ante los principales referentes de la actividad productiva global por el titular del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Elmer Cuba, durante la Semana de Alto Nivel de las Naciones Unidas.
En un escenario mundial marcado por la incertidumbre, la presencia de la delegación nacional en Nueva York demostró que el país mantiene el timón firme hacia el progreso y la certidumbre financiera.
El periplo incluyó encuentros determinantes con entidades de peso internacional como Moody’s Ratings, S&P Global Ratings y J. P. Morgan, además de alianzas estratégicas con el Foro Económico Mundial. Ante la directora ejecutiva asociada de Moody’s, Ariane Ortiz-Bollin, y posteriormente frente al director general de S&P, Joydeep Mukherji, el ministro Cuba detalló las prioridades que guían el rumbo interno: el impulso a la inversión privada, la mejora en la calidad del gasto público y la lucha frontal contra la evasión fiscal.
Estas medidas no constituyen simples metas burocráticas, sino los cimientos indispensables para consolidar un crecimiento sostenible e inclusivo que beneficie a cada ciudadano.
La disciplina fiscal y la reducción sistemática del déficit, expuestas ante el equipo liderado por Nina Baumberger, refuerzan la tesis de que el manejo responsable de los recursos públicos es la mejor carta de presentación ante los inversionistas. Paralelamente, la reunión bilateral con la jefa para América Latina del Foro Económico Mundial, Marisol Argueta, abrió las puertas para afianzar la próxima Reunión Anual de Davos y proyectar al Perú como un destino altamente competitivo.
Apostar por la predictibilidad normativa y la solidez macroeconómica equivale a sembrar en tierra fértil.
El sector productivo nacional necesita certezas para continuar expandiéndose, y las gestiones realizadas en suelo norteamericano reafirman el compromiso estatal con la transparencia y el rigor técnico.
La estabilidad política que favorece las inversiones no surge por generación espontánea; se cultiva mediante acuerdos sólidos y una comunicación franca con los mercados globales.
Fomentar la formalización y optimizar la recaudación son tareas pendientes que exigen el concurso de todos los sectores de la sociedad. Cuando el Estado demuestra capacidad para gestionar con probidad y eficacia, los capitales extranjeros responden con confianza, generando un círculo virtuoso de empleo y bienestar.
El desafío actual radica en transformar estos consensos internacionales en mejoras tangibles para la ciudadanía. La brújula está calibrada correctamente; ahora corresponde transitar este camino con perseverancia, asegurando que el crecimiento económico se traduzca en oportunidades reales para el desarrollo humano en cada rincón del territorio.