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El mandatario chino, que permanecerá en Estados Unidos hasta mañana, aterrizó a las 17:40 horas (21:40 GMT) a bordo de un avión de la aerolínea estatal Air China en la base aérea Andrews, a las afueras de la capital estadounidense.
Trump se desplazó hasta la base para recibir a su homólogo a pie de pista, un gesto inusual que subraya la importancia que la Casa Blanca concede al encuentro.
Se trata de la primera visita de Xi a la Casa Blanca en más de una década, desde la que realizó en 2015, invitado por el entonces presidente Barack Obama.
También es el tercer encuentro entre ambos desde el regreso de Trump al poder, después de los celebrados en octubre del año pasado en Busan (Corea del Sur) y el pasado mayo en Beijing.
La jornada central tendrá lugar hoy, cuando ambos mantengan una reunión bilateral en la Casa Blanca en la que abordarán algunos de los principales focos de tensión entre Washington y Beijing, como la tregua arancelaria, la guerra de Irán, el futuro de Taiwán y la carrera por el desarrollo de la inteligencia artificial (IA).
Aunque no se esperan grandes acuerdos, previsiblemente mantendrán el tono cordial de sus reuniones anteriores, en las que los líderes de las dos principales potencias mundiales han apostado por preservar los canales de diálogo y han destacado su buena relación personal, pese a las profundas discrepancias entre sus gobiernos.
Además, Trump y la primera dama, Melania, ofrecerán por la noche a Xi y a su esposa, Peng Liyuan, una pomposa cena de Estado en la residencia presidencial.
Alto nivel
Antes de la visita, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, defendió que su país y China tienen “la obligación de interactuar y hablar al más alto nivel” pese a sus “importantes discrepancias”.
Por su parte, el embajador chino en Washington, Xie Feng, afirmó en un artículo que ambas potencias necesitan una “estabilidad estratégica constructiva”, una fórmula que, según dijo, “no es un eslogan”, sino una llamada a actuar “en la misma dirección”.