• LUNES 28
  • de setiembre de 2026

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Política y cultura


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y RR. II. de la Universidad Científica del Sur


Incluso, el aparato narrativo más utilitario la considera una serie de actividades que no producen y que no son ubicables en criterios de medición. ¿En qué KPI se ubica la belleza? ¿Qué medidor usamos para un poema? ¿Cómo usamos un Excel para medir el valor de una novela de Vargas Llosa?

Pero sí podemos considerar con medidores la gestión de la cultura: cuántos ciudadanos son impactados por políticas culturales, los niveles de descentralización de la infraestructura que soporta la dinámica cultural, su grado de accesibilidad para los peruanos y que los fondos concursables reduzcan sus sesgos de preferencia. Ello es gestionar la política cultural.

Como se asume que es un conjunto de eventos que emergen naturalmente, muchos tomadores de decisiones, en particular los políticos, asumen que no es necesaria ninguna infraestructura estatal para soportar, cuidar y promover los diversos formatos artísticos. Es decir, son desplazados a tener una posición de precariedad permanente. Lo peculiar de esta situación es que justamente es desde lo artístico y sus representantes que se han moldeado muchos de los proyectos nacionales.

En el caso peruano, su propia trayectoria como comunidad nacional está ligada a sus creativos escritores, a los persistentes artistas plásticos, a esos generosos músicos, a sus incansables danzantes y a sus maravillosos elencos de teatro. Por lo tanto, toda esa fuerza cultural alimenta al país, lo diseña también en su historia, lo soporta en la formación de sus contornos y lo proyecta globalmente. El Perú es conocido también por su sólida y deslumbrante presencia cultural a nivel internacional.

Bajo un razonamiento estándar, en cualquier organización el valor diferencial se auspicia y promueve constantemente; por eso, si es la cultura un núcleo crucial de peruanidad y nos ha traído orgullo y consuelo, una agenda comprometida y visionaria sería impulsar decididamente su crecimiento.

En esa etapa son claves las decisiones políticas. Si nuestros administradores gubernamentales asumen que nuestro país requiere ser competitivo, entonces apoyemos indudablemente sus fortalezas. Eso significa que el diseño de la política cultural requerida incremente sus recursos y mejore eficientemente la distribución y su uso responsable. El Perú tiene la oportunidad de reforzar aquello que históricamente es una extraordinaria condición existencial de su potencial y valor, ya que ser o no ser es también la cuestión.