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“Hay mamitas que trabajan o son madres solteras, por eso dejan a sus niños aquí. Nosotras nos encargamos de su alimentación, de ver que se laven los dientes, las manos, recordamos en su hogar cuándo tienen sus vacunas o controles médicos. También jugamos con ellos, ya que jugando es como exploran y aprenden del mundo”, explica Abril Kohatsu Escalante, quien a sus 33 años ya suma casi 10 de experiencia en este rol en el CIAI Las Palomitas, ubicado en San Juan de Lurigancho.

Actualmente, la mayoría de voluntarias en el rol de madres cuidadoras se encuentra en Lima Metropolitana (794). Le siguen Arequipa (614), Junín (610), Apurímac (593) y Cusco (584).
Otra particularidad de las madres cuidadoras, según se desprende de los reportes enviados por los propios comités de gestión, es que su afinidad o predisposición para tratar con niños las lleva -con el tiempo- a incursionar en campos académicos vinculados a la primera infancia: Abril, por ejemplo, está cursando los últimos ciclos de la carrera de Auxiliar de Educación Inicial.

“Yo tengo nueve años ya en este rol y varios de mis niños ahora tienen 12 años, y aún se acuerdan de mí cuando me ven en la calle. O sus mamás me cuentan lo bien que le va en el colegio. Es lindo ver que esas horas con ellos, ese tiempo a su lado, les ha hecho bien y están creciendo y aprendiendo”, afirma Abril.
Al respecto, la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Maritza Canales, destacó la importante labor que desempeñan las madres cuidadoras en la lucha contra la anemia. “Ellas son aliadas fundamentales en esta misión que nos ha encargado el Gobierno, porque, además de aportar un componente técnico esencial en el cuidado diario, gracias a su compromiso y cercanía con las familias, nos ayudan a promover prácticas saludables para garantizar el adecuado desarrollo de nuestros niños”, señaló.