Cultural
A cien años de su nacimiento, la exposición Un Universo habitado, en el Centro Cultural Inca Garcilaso de la Cancillería, propone volver a mirar ese conjunto de manera distinta y recuperar la diversidad de una trayectoria desarrollada durante más de seis décadas.
La muestra reúne obras de diferentes épocas y lenguajes, entre pinturas al óleo, grabados y esculturas.
No plantea un recorrido cronológico, sino una aproximación a las preocupaciones que atravesaron el trabajo de Villegas: la memoria, la materia, los símbolos, la espiritualidad y la permanente transformación de las formas.
La curadora Ana Osorio explica a
“Su obra está más asociada a la pintura y sobre todo a sus personajes, los míticos guerreros. Sin embargo, su exploración en la escultura en madera, metal, objetos y materiales recuperados nos permite entender que no estaba interesado solamente en representar la materia, sino en hacer que la materia participara en la construcción de la obra”, señala.
Más allá de los guerreros
La exposición permite así ampliar la mirada sobre un artista cuya producción no puede reducirse a una sola etapa.
Villegas nació en Pomabamba, Áncash, en 1926, y su relación con la tradición andina, el arte precolombino, los textiles, la cerámica y la artesanía peruana se convirtió en uno de los componentes de su lenguaje.
En 1951 llegó a Colombia, país donde desarrolló la mayor parte de su trayectoria y se vinculó con una generación que transformó la escena artística de ese país.
En sus primeros años dialogó con la abstracción europea. Paul Klee y Wassily Kandinsky estuvieron entre sus referentes, pero esas influencias no determinaron una fórmula definitiva.
Para Osorio, Villegas asumió la abstracción como un lenguaje desde el cual podía desarrollar su propia experiencia cultural.
“No tomó la abstracción europea como un modelo que debía transformar, sino como un lenguaje autónomo”, explica la curadora.
Desde allí, agrega, construyó un discurso personal a partir de su experiencia cultural andina y latinoamericana.
Esa relación entre lo internacional y lo propio constituye una de las claves para entender la singularidad de Villegas.
Su obra establece conexiones entre la modernidad artística y las raíces culturales del Perú, pero también entre la abstracción y la figuración, entre la pintura y la escultura, y entre los materiales tradicionales y aquellos recuperados de la vida cotidiana.
La exposición busca precisamente que esas relaciones no queden separadas por períodos.
“Una retrospectiva cronológica nos podía llevar a mirar la obra de Villegas solamente por etapas, y tenemos que mirar algo más profundo: el mundo que fue construyendo a lo largo de toda su vida”, sostiene Osorio.
En ese mundo conviven formas, personajes, símbolos y materias que reaparecen y se transforman.
La figuración no cancela la abstracción, ni los guerreros agotan el imaginario del artista. Cada búsqueda parece prolongar otra anterior y abrir, a su vez, una posibilidad distinta.
Un rescate desde el Perú
El montaje tiene además una dimensión particular por el trabajo realizado para localizar las piezas.
Osorio se contactó con coleccionistas particulares del Perú para incorporar obras a la exposición, un esfuerzo que permite volver a poner en circulación parte de una producción que no siempre ha tenido la visibilidad correspondiente a la dimensión de su trayectoria.
Ese trabajo de recuperación adquiere especial relevancia en el centenario del nacimiento de Villegas.
Más que presentar una imagen cerrada del artista, Un Universo habitado plantea la posibilidad de descubrir nuevamente sus búsquedas y de reconocer la continuidad entre ellas.
Villegas hizo de la pintura una forma de conocimiento y entendió la tradición como una materia capaz de renovarse.
Su universo, construido entre Perú y Colombia, entre memoria y experimentación, permanece abierto a nuevas lecturas.
La exposición propone precisamente entrar en él por distintas puertas: una pintura, una escultura, un objeto, una textura o uno de aquellos guerreros que hicieron célebre su nombre.
El sello de los guerreros
La serie de los guerreros es la vertiente más reconocible de Armando Villegas, pero sus personajes no representan la guerra.
Surgieron de la mezcla de referencias europeas y americanas, junto con la memoria andina y el imaginario precolombino.
El propio artista explicó que buscaba plasmar “seres que viven en el interior de uno, que son de lucha y de trabajo”.
Sus figuras, revestidas de armaduras y acompañadas por animales, plantas y otros símbolos, expresan ese universo interior. Villegas los definió como “guerreros de la paz”.
ECG