Opinión
Los retos de esta bonanza exigen mejorar la ejecución del canon y regalías para cerrar brechas, además de reforzar la lucha contra la minería ilegal y el crimen organizado
A finales del siglo XIX, la Segunda Revolución Industrial impulsó a las grandes potencias a buscar cobre, mineral indispensable para fabricar motores, cables y generadores en los albores de la masificación eléctrica. En esa época llegaron al Perú empresas británicas para operar los yacimientos, las cuales luego fueron reemplazadas por capitales estadounidenses.
Los precios del cobre y de los minerales peruanos en general han atravesado diferentes ciclos económicos durante el siglo pasado. Sin embargo, a partir de la década de 1990, con el despegue de China como potencia mundial, el metal rojo se convirtió en un recurso altamente cotizado y estratégico.
Hoy, el mundo experimenta una transición impostergable hacia las energías limpias. La electromovilidad y la veloz expansión de los centros de datos para la inteligencia artificial exigen un uso intensivo de minerales, especialmente de cobre. En paralelo, la incertidumbre internacional generada por los conflictos en Medio Oriente impulsa la venta del oro como el principal activo de refugio financiero.
El Acuerdo de París de 2015 estableció metas claras para reducir las emisiones del sector energético y migrar hacia fuentes renovables frente a la amenaza del cambio climático. Ante el encarecimiento de los hidrocarburos crece aceleradamente la demanda de vehículos eléctricos y de centros de datos que requieren, para sustentar la inteligencia artificial, grandes cantidades de cobre por su alta conductividad.
En este contexto, y gracias a las reformas económicas implementadas en la década de 1990, el Perú se ha consolidado como un exportador de primer nivel, rubro en el que destacan netamente los minerales. Según la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE), las ventas del sector sumaron 49,584,000,000 de dólares en los primeros siete meses de este año. Esto representó un notable incremento de 55.4% respecto al mismo periodo de 2025.
La cotización favorable en el mercado internacional fue clave en este repunte. El valor de las exportaciones de cobre alcanzó los 22,843,000,000 de dólares, un aumento de 54.7%; mientras que las de oro llegaron a 18,487,000,000 de dólares, 58.5% más frente al año anterior.
Este sólido crecimiento no responde únicamente a factores externos. La inversión en infraestructura minera también repuntó 70.5% entre enero y julio, con el firme propósito de ampliar y optimizar las principales operaciones logísticas en el territorio nacional.
Los retos de esta bonanza exigen mejorar la ejecución del canon y regalías para cerrar brechas, además de reforzar la lucha contra la minería ilegal y el crimen organizado.