Editorial
La fiesta democrática no consiste en que todos pensemos igual. Se trata de que podamos decidir, expresar nuestras diferencias y hacerlo en paz, con respeto a las reglas y a la voluntad de la mayoría
Esto es, en esencia, una fiesta democrática. Una que no necesita grandes ceremonias. Se expresa al acudir a un local de votación, recibir una cédula, marcar una opción y depositar el voto. Pero detrás de ese acto hay una decisión que tendrá consecuencias concretas en la vida de millones de personas.
En estas Elecciones Regionales y Municipales 2026 se elegirán 25 gobernadores regionales, 196 alcaldes provinciales y 1,696 alcaldes distritales. También se escogerán 364 consejeros regionales y 10,842 regidores provinciales y distritales. Es decir, se renovará una parte importante de las autoridades que toman decisiones sobre seguridad, transporte, servicios públicos, infraestructura, desarrollo urbano y muchas otras necesidades cercanas a los ciudadanos.
Por eso, llegar al día de la votación con tranquilidad es también una tarea colectiva. El Estado ha puesto en marcha un importante despliegue para garantizar que la jornada se desarrolle con normalidad.
Las Fuerzas Armadas movilizarán 41,000 efectivos y desplegarán 8,300 patrullas hacia 10,097 locales de votación. Para ello se utilizarán más de 3,400 vehículos terrestres, 170 fluviales y 19 aeronaves. La Policía Nacional, por su parte, desplegará 57,738 efectivos en todo el país para proteger a los ciudadanos, los locales de votación y el traslado del material electoral.
También habrá vigilancia desde el ámbito de la justicia electoral. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha desplegado cerca de 30,000 fiscalizadores de local de votación en todo el país, mientras que el Ministerio Público ha puesto a disposición más de 6,500 fiscales para prevenir delitos como la compra de votos, la suplantación de identidad, la perturbación del proceso electoral y la propaganda indebida.
Todo este esfuerzo tiene sentido si se entiende algo básico: votar no es solo cumplir una obligación. Es participar.
En una democracia no todos pensamos igual, y precisamente por eso existen las elecciones. Cada ciudadano tiene una mirada distinta sobre su distrito, su provincia o su región. Algunos priorizarán la seguridad; otros, el empleo, las obras, la educación, la salud o los servicios públicos. Al final, cada uno deberá escoger libremente.
La fiesta democrática no consiste en que todos pensemos igual. Se trata de que podamos decidir, expresar nuestras diferencias y hacerlo en paz, con respeto a las reglas y a la voluntad de la mayoría.
Hoy, millones de peruanos tendrán nuevamente esa oportunidad. Y quizá ahí esté el verdadero valor de la jornada: recordar que el futuro de nuestras ciudades y regiones también se construye con algo sencillo, pero trascendental: el voto.