Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia
  • SÁBADO 10
  • de octubre de 2026

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Reflexiones

El océano y el clima del Perú


Editor
Ivonne Montes

Investigadora Científica del IGP


Frente a gran parte de la costa peruana tenemos un océano inusualmente frío para nuestra ubicación tropical. Una de las principales razones es el afloramiento costero: los vientos desplazan a las aguas superficiales mar adentro y favorecen el ascenso de aguas subsuperficiales frías y ricas en nutrientes. Este proceso, característico del sistema de Humboldt, sostiene una enorme productividad marina y también influye en la atmósfera. Al mantener fría la superficie del mar, favorece la estabilidad de las capas bajas y, junto con la inversión térmica asociada al Anticiclón del Pacífico Sur, contribuye a la persistencia de las nubes bajas que caracterizan a la costa central.

Este equilibrio puede cambiar durante El Niño. El calentamiento anómalo del mar modifica los intercambios de calor y humedad con la atmósfera. El afloramiento no necesariamente desaparece, pero pueden cambiar los vientos, profundizarse las aguas frías y llegar aguas más cálidas desde otras regiones del Pacífico, reduciendo su efecto refrigerante. Cuando frente al norte del Perú el mar alcanza temperaturas del orden de 26 a 27 °C y existen condiciones atmosféricas favorables de humedad e inestabilidad, aumenta la posibilidad de convección profunda y lluvias intensas. El océano aporta calor y vapor de agua, pero la precipitación depende también de la circulación atmosférica, el transporte de humedad, los vientos y la presencia de los Andes.

Esta interacción cobra especial importancia hoy, en 2026. Estamos frente a un evento El Niño en desarrollo, con calentamiento tanto en el Pacífico tropical como frente a la costa peruana. Los pronósticos indican que podría alcanzar magnitudes muy fuertes en el Pacífico central y extraordinarias en la costa durante los próximos meses. Las comparaciones con El Niño de 1997-1998 son inevitables, pero deben hacerse con cautela. Dos eventos con temperaturas similares no necesariamente generan los mismos impactos: importa cuánto se calienta el mar, dónde ocurre ese calentamiento, cuánto dura y cómo responde la atmósfera.

Más que preguntarnos si este El Niño será mayor o menor que el de 1997-1998, deberíamos preguntarnos qué nos está mostrando hoy la interacción océano-atmósfera y qué tan preparados estamos para interpretar esas señales y anticipar sus consecuencias.