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Giammarco Delgado Sánchez/ periodista
Fue entonces cuando el país se puso en modo emergencia. El Ministerio de Energía y Minas (Minem) declaró el suministro en emergencia por 14 días y priorizó a hogares, hospitales y transporte público. A mediados de ese mes, Transportadora de Gas del Perú (TGP), responsable de transportar el gas, informó que había concluido la reparación y que el 14 de marzo las entregas recuperarían su capacidad total. Este incidente expuso la dependencia del país de una infraestructura y una zona productora altamente concentradas.
Por ello, quedaron varias preguntas flotando: si una sola ruta y un solo gran yacimiento sostienen buena parte de la energía del país, ¿dónde está el próximo Camisea? ¿Contamos con alternativas para reponer las reservas? Y de encontrarlas, ¿cuánto tiempo queda disponible para alcanzar dicho objetivo?
Reloj con fecha
No cabe duda de que Camisea cambió la historia energética del Perú. Desde que empezó a operar, en 2004, la producción nacional de hidrocarburos –petróleo, gas y líquidos– se triplicó, de acuerdo con Perupetro. Hoy, los lotes 88, 56 y 57, de la zona de Camisea, aportan 96 de cada 100 pies cúbicos de gas que se producen en el país.

Pero todo yacimiento tiene un horizonte. El Libro anual de recursos de hidrocarburos 2024 del Minem registra reservas probadas de gas por 7.1 billones de pies cúbicos, suficientes para unos 13 años y medio al ritmo actual. El ingeniero Pedro Arce, vocero de Perupetro, explicó que, con la demanda proyectada, esa curva se acerca a cero hacia 2039, casi al mismo tiempo que vence, en 2040, el contrato del Lote 88, el corazón de Camisea.
El reloj marca un plazo de 14 años desde ahora para actuar a tiempo. Según Patricia Figueroa, directora ejecutiva de la Sociedad Peruana de Hidrocarburos (SPH), la mirada del sector privado es clara: “El Perú no se está quedando sin gas, pero siempre enfrentamos un problema serio de reposición de reservas. No explorar significa no reponer reservas y no desarrollar infraestructura significa no aprovechar las reservas que tenemos”.
Según Arce, el Perú cuenta con 18 cuencas sedimentarias con potencial de petróleo y gas, pero solo cinco producen hoy. Las estimaciones de Perupetro suman 45.87 billones de pies cúbicos de gas y 35,218 millones de barriles de petróleo por descubrir. Son “recursos prospectivos”, es decir, estimaciones técnicas de lo que podría haber que solo se convierten en reservas cuando se comprueban.
Para tener una idea de a cuánto ascienden, estas estimaciones son equivalentes a más de seis veces las reservas probadas actuales, más de tres Camiseas o unos 520 millones de piscinas olímpicas. Asimismo, equivaldría a más de 75 años de producción al ritmo actual si todo se confirmara.

Perforar para saber
Las reservas aparecerán realmente cuando alguien perfore. Cada pozo exploratorio es una pregunta que se le hace a la tierra, y no todas las respuestas son afirmativas. Perupetro mantiene cinco contratos de exploración y ofrece más de medio centenar de áreas promocionales, además de nuevos contratos de explotación firmados en el último año, como los lotes I y VI.
El ministro de Energía y Minas, Guillermo Shinno, reconoció en setiembre que la exploración ha caído, y anunció que el Gobierno prepara una reforma del marco legal de hidrocarburos para competir con la región y sumar reservas de petróleo y gas.
Gonzalo Raffo, socio del área de Energía del estudio Hernández & Cía, explica la lógica: explorar es apostar. Cuesta mucho, y a veces no se encuentra nada. Por eso, propone flexibilizar el trato a los gastos de los pozos que no dan resultado. “Si se quiere incrementar la exploración, lo que hay que hacer es flexibilizar las normas respecto de cómo se aplican las pérdidas. Si se dan a los inversionistas los incentivos necesarios para que hagan inversión exploratoria, se van a encontrar más reservas”, destacó. A criterio del abogado, otra clave es la demanda, ya que, al día de hoy, “no hay una que justifique la necesidad de contar con mayor volumen de gas, en caso hubiese un descubrimiento”.
Pero descubrir es la mitad del camino; la otra mitad es llevar el gas a los hogares. ProInversión registra una cartera en esa dirección. La institución precisó a este diario que la masificación del gas en Arequipa, Moquegua y Tacna, con una inversión de 349 millones de dólares, está en estructuración, con convocatoria prevista para el cuarto trimestre de 2026, y apunta a casi 224,000 usuarios en sus primeros ocho años.

La adenda de Cálidda, de 474 millones de dólares, extendería el servicio a 15 localidades de 7 regiones. El gasoducto al sur, de 2,000 millones, tendría 923 kilómetros, y una planta de fraccionamiento en La Convención, de 30 millones, procesaría líquidos de Camisea.
Arturo Vásquez, exviceministro de Energía, subraya que “tenemos un potencial de gas natural magnífico”.
En ese sentido, propone que los ductos cuenten con una retribución asegurada, como ya ocurre con las líneas de transmisión eléctrica. “Se puede hacer si se cambian las reglas de juego para poder crear un esquema de retribución similar al que ya existe en las líneas de transmisión eléctrica”, planteó.
La SPH pide simplificar trámites y cumplir los plazos de ley. “No estamos pidiendo privilegios. Estamos pidiendo que se tomen los plazos necesarios, los plazos de ley”.
Gonzalo Raffo plantea una línea base ambiental compartida por el Estado, ya que “se puede ahorrar mucho tiempo en los permisos ambientales”. Asimismo, plantea la activación de un fideicomiso de abandono y la descentralización de la producción y el consumo. Arturo Vásquez, por su parte, pide planificar la infraestructura del gas con reglas claras. “Deberíamos pensar ya en un esquema de planificación de la infraestructura de gas”, indicó. La buena noticia es que toda esta agenda coincide con la que plantea el Minem.
Camisea no apareció de la noche a la mañana: fue la suma de exploración, inversión y decisiones sostenidas. El Perú tiene hoy el mapa, la experiencia y una agenda de reformas sobre la mesa. Falta lo que la exploración siempre exige: tiempo. Y ese, como indica el reloj de Perupetro, ya empezó a correr. La carrera hacia 2040 no se gana en el último tramo; se gana con las primeras perforaciones, las primeras tuberías y las primeras decisiones, las que todavía están a tiempo de tomarse.
Plan B
Tras la emergencia de marzo, el entonces ministro de Energía y Minas, Ángelo Alfaro, anunció que se impulsaría una planta regasificadora. En setiembre, el ministro Guillermo Shinno relanzó la idea ante la Comisión de Energía y Minas del Congreso de la República: una planta en el litoral de Lima o Ica, con almacenamiento para al menos 15 días o tres semanas.
Funciona así: un barco trae gas natural licuado —enfriado hasta volverse líquido— y la planta lo devuelve a su estado gaseoso para inyectarlo a los ductos. Colombia lo hace desde 2016 en Cartagena con un buque-terminal que recibe gas de Estados Unidos y Trinidad y Tobago. Según su operador, en 2024 cubrió hasta 30% de la demanda nacional. No reemplaza explorar, pero da tiempo suficiente ante otra posible emergencia.