Opinión

Decano de Ciencias Políticas y RR. II. de la Universidad Científica del Sur
Es que el sistema científico admite su falibilidad y su carácter temporal. Supone además que las explicaciones que da de las cosas pueden ser cuestionadas y, por supuesto, modificadas. Por eso suele cambiar y adaptarse según las pruebas presentadas, a diferencia de aquellas tesis que asumen que son universales e irrefutables. Así, debería ser una muralla de firme serenidad ante las tentaciones explicativas autoritarias.
Pero esa evolución constante hacia la mejora y su profunda oposición ante los tipos de pensamientos jerarquizantes y absolutistas la colocan en una posición expectante y de vigilia permanente. De ese modo, cuanto más científica se reclama una explicación, hay que exigir las evidencias que prueben su afirmación. A la vez, es también foco de atención para el ataque: su politización, el desfinanciamiento o también, desde dentro, cuando algunas prácticas sirvieron al poder.
La manera más extendida es aquella que no la coloca como prioridad en el desarrollo de un país. Sin recursos, la arrincona a la sobrevivencia; sin apoyo, la excluye de una de sus mayores virtudes para la comunidad: impactar en la vida y mejorarla. Así, cualquier estrategia de gobierno que ignore el valor de lo científico está condenando también a la nación. Además de una distribución de recursos proporcional a la necesidad, se trata también de un alto grado de profesionalismo en los organismos directores que definen las acciones. Es necesario que se acompañe con una adecuada gestión y desprovista de intereses explícitos de cargas ideológicas partidarias.
Pero no es solo el olvido sistemático como una estratagema, sino también el ataque directo, cuando se la pone en la mira como la responsable de los males del mundo y se le atribuyen características que no le corresponden. Por ello, tiene que quedar claro que cuando se llama la atención sobre los efectos en el clima o las buenas prácticas necesarias de la vacunación para la salud pública es porque hay evidencias e investigaciones suficientes que confirman estas aseveraciones.
Tomemos nota de las formas y las agendas que hay detrás cuando se hostiliza el trabajo científico, pero eso no exonera de que el ecosistema de la ciencia tenga que autorregularse constantemente y convertir la ética en un núcleo esencial de su naturaleza, corregir sus fallos e impulsar una revisión consensuada de sus alcances.