Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia
  • VIERNES 16
  • de octubre de 2026

Editorial

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Solidez macroeconómica

La oportunidad de afianzar un desarrollo duradero está servida; cosecharla con visión, prudencia y audacia es la tarea urgente que convoca a todos

Frente a una coyuntura global exigente y fluctuante, estos datos ubican al país entre las dinámicas productivas más vigorosas de la región sudamericana, superando holgadamente los promedios del continente de 2.1% en 2026 y 2.4% en 2027.

Semejante capacidad de avance destaca aún más al contemplar cómo el impulso local navega a contracorriente de la desaceleración del planeta, demostrando que cuando las bases macroeconómicas se cuidan con disciplina, la resiliencia deja de ser un anhelo abstracto para convertirse en un motor tangible.

Este contexto de fortaleza relativa ofrece un instante privilegiado para la reflexión estratégica y la acción decidida. La actividad económica mundial mostró una singular facultad de adaptación apoyada en el auge tecnológico y los márgenes de maniobra presupuestarios.

Sin embargo, el organismo multilateral advierte que esos escudos tienen fronteras precisas. Con pronósticos globales de expansión moderada hacia el 3.1% y presiones inflacionarias de 4.7% para 2026, los riesgos geopolíticos, las tensiones comerciales y las vulnerabilidades fiscales aconsejan no bajar la guardia.

La prosperidad sostenida requiere convertir la bonanza coyuntural en reformas estructurales capaces de multiplicar la productividad a largo plazo.

El verdadero desafío radica en transformar esta ventana de expansión en bienestar perdurable. Para consolidar este trayecto ascendente, las recomendaciones apuntan a perfeccionar la gestión de los ingresos públicos y edificar marcos fiscales flexibles que respondan con efectividad ante posibles choques internacionales.

La inversión oportuna en innovación y la focalización adecuada del gasto social hacia los sectores vulnerables permitirán amortiguar los vaivenes externos sin desincentivar el crecimiento.

Un manejo prudente de la deuda garantiza que la inversión pública productiva en infraestructura y capacidades humanas no sufra menoscabo, asegurando que la transferencia de conocimiento e intangibles rinda frutos compartidos para toda la sociedad.

El Perú posee las herramientas, la confianza internacional y el talento humano necesarios para liderar un ciclo largo de progreso. Reconocer los logros acumulados implica asumir el compromiso de trabajar unidos en la modernización de los mercados y el fortalecimiento de las instituciones.

Tracemos una ruta común, en la que la competitividad y la inclusión caminen de la mano, asegurando que cada punto porcentual de avance se traduzca en mejores empleos, mayor estabilidad y un futuro prometedor para cada peruano. La oportunidad de afianzar un desarrollo duradero está servida; cosecharla con visión, prudencia y audacia es la tarea urgente que convoca a todos.