Editorial
El fenómeno El Niño plantea un desafío que exige trabajo conjunto. No se puede evitar la caída de las lluvias ni eliminar por completo sus riesgos, pero sí es posible reducir sus efectos
La puesta en funcionamiento de la primera barrera dinámica en la quebrada Cupiche, en Huarochirí, es parte de ese esfuerzo. Esta estructura puede contener hasta 320 toneladas de materiales sólidos arrastrados por los huaicos y reducir su impacto en las viviendas y vías de comunicación. No es una solución para todos los riesgos, pero sí una medida concreta para disminuir sus consecuencias.
El sistema forma parte de un conjunto de 12 barreras dinámicas previstas para 10 quebradas críticas de Lima Metropolitana y Huarochirí. Según lo informado, estas infraestructuras beneficiarán directamente a más de 120,000 personas. Por eso, completar su instalación debe ser una prioridad. Las 11 barreras pendientes tienen que avanzar sin demoras, porque el tiempo disponible antes de las lluvias es limitado.
Hay una lección importante en este caso. Las geomallas habían sido adquiridas hace aproximadamente dos años y medio, pero permanecieron almacenadas sin cumplir su función. Una infraestructura de prevención no protege a nadie mientras está guardada. Se necesita planificación, coordinación y capacidad para ejecutar las obras a tiempo. También es necesario asegurar que los recursos públicos se traduzcan en resultados concretos para la población.
La prevención, sin embargo, no termina con la instalación de barreras. Se requiere limpiar cauces, revisar las zonas vulnerables, mantener las vías de evacuación y garantizar que los servicios de emergencia estén preparados. Los gobiernos locales tienen una responsabilidad importante en estas tareas, pero deben trabajar de manera coordinada con el Gobierno nacional y las autoridades regionales. La preparación no puede depender de esfuerzos aislados.
También hay una responsabilidad ciudadana. Las personas que viven en zonas de alto riesgo deben atender las recomendaciones de las autoridades y evacuar cuando corresponda. Nunca es fácil dejar la casa y las pertenencias, pero la prioridad debe ser proteger la vida. Para que estas decisiones se tomen a tiempo, la información tiene que llegar de manera clara y oportuna a cada comunidad.
El Gobierno ha señalado que hará seguimiento a las barreras pendientes. Ese compromiso debe traducirse en avances verificables y en información transparente sobre las medidas que se ejecutan. La población necesita saber qué zonas están protegidas, cuáles siguen expuestas y qué debe hacer ante una emergencia.
El fenómeno El Niño plantea un desafío que exige trabajo conjunto. No se puede evitar la caída de las lluvias ni eliminar por completo sus riesgos, pero sí es posible reducir sus efectos. Instalar las barreras, preparar las rutas de evacuación y alertar a tiempo son acciones que pueden marcar la diferencia. Prevenir no es reaccionar cuando llega el huaico; es hacer hoy lo necesario para salvar vidas mañana.