Opinión

Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y RR. II. de la Universidad Científica del Sur
Además, ha denunciado la tradición autoritaria y mesiánica de aquellos que convierten su posición en una oportunidad para la opresión. Por eso, Conversación en La Catedral es una autopsia de la corrosión política peruana y su simultánea degradación social.
La mayoría de sus textos son denuncias políticas, contadas magistralmente y con una orquestación de técnicas virtuosas.
Esa profundidad con la que el premio Nobel conocía los entretelones del poder también los interiorizó con su propia e incierta aventura como candidato presidencial. Y, claro, dedicó gran parte de su vida a una causa liberal y, sin dudarlo, asumiendo que la literatura era un instrumento cuestionador y modo de civismo. Así como su propia biografía lo señala, Vargas Llosa, como otros escritores, cruzan la frontera de la ficcionalidad para encarnar ellos mismos proyectos políticos que participan en la arena nacional, incluso electoralmente.
La relación de los géneros literarios con la política ha sido constante, y sus ejemplos son sumamente abundantes en sus catálogos.
Al leer una novela o un cuento que establecen un enfoque del poder y sus límites y excesos, nos brindan posibilidades de entender con mayor amplitud los juegos y tensiones que suceden en estos fenómenos tan habituales en nuestra estructura de convivencia. Leerlos nos adentra en la mentalidad de quienes han ejercido formas del poder y nos da indicios razonables, más allá de su naturaleza ficcional, para comprender los engranajes políticos que lo movilizan. Hay una autopsia de la psicología de quienes ejercen el poder, así como se registran sus comportamientos y recrean sus tendencias.
Para aquellos a quienes les interesa tener insumos acerca de cómo funcionan los mecanismos del poder, las novelas sobre la política son cartografías extraordinarias; en esos espacios se disecciona con minuciosidad la lógica que los promueven. Además, permiten, con mayor margen, desplegar el tono denunciatorio posible ante la asimetría y las manifestaciones del poder.
Pero la literatura no solo puede mostrar esas entrañas de la política, sino también anunciar escenarios de peligro ante la inminencia de totalitarismos y sistemas de control de dimensiones absolutistas. Por eso, una de las reacciones de los regímenes dictatoriales es prohibir y perseguir a las voces disidentes que en las obras literarias encuentran un instrumento de lucidez y defensa de la libertad.