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La segunda mayor economía de la Unión Europea vivió el sábado algunos de sus peores episodios de violencia callejera de los últimos años, apenas seis meses antes de que el país elija al sucesor del presidente centroderechista Emmanuel Macron.
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, reconoció errores de seguridad en el control de los disturbios que asolaron el país el pasado fin de semana. “Hemos aprendido la lección”, dijo ante la Asamblea Nacional, donde reconoció que el dispositivo policial fue “demasiado estático” y que no movilizaron suficientes agentes.
Responsabilidad
El primer ministro francés acusó a grupúsculos de “ultraizquierda” de planificar “un esquema insurreccional” en algunos lugares, y puso como ejemplo el incendio del ayuntamiento de Limoges, por el que se detuvo a un hombre de 34 años.
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Los servicios de inteligencia entienden por “ultraizquierda” a grupos antifascistas, anarquistas o anarco-autónomos, a quienes se habrían sumado el sábado miembros de la “extrema izquierda radical”, representada por partidos de corte revolucionario.
La Francia Insumisa
Junto a estos, “delincuentes oportunistas” y muchos jóvenes de los suburbios de París se habrían aprovechado de la situación para saquear tiendas, según las autoridades.
Aunque los servicios de inteligencia no imputan incidentes al partido de izquierda radical La Francia Insumisa (LFI), el Gobierno ve una responsabilidad política en él y en su líder, Jean-Luc Mélenchon, por alentar la violencia.
Según un sondeo de Ifop, Mélenchon es quien aparece con más posibilidades de disputar el balotaje de la presidencial contra la favorita, la ultraderechista Marine Le Pen, que se impondría en ese duelo final de los comicios.
Otra protesta
El Gobierno se encuentra bajo presión, tal como se demostró en una tensa sesión de control en el Parlamento.
La extrema derecha y la derecha lo acusaron de no haber anticipado los disturbios y la izquierda lamentó que no respondiera a los reclamos de los cientos de miles de manifestantes que denunciaron el sábado, pacíficamente, el “alto costo de la vida”.
Por segunda noche consecutiva, las autoridades decretaron un toque de queda en barrios de París y de otras ciudades para evitar nuevos saqueos.
La prefectura de policía de París prohibió además el transporte de carburante y de gas inflamable.
El movimiento de los chalecos amarillos, que sacudió el primer mandato de Macron en 2018 y 2019, y los estudiantes de liceo, que reclaman mejores condiciones de estudio, llamaron a manifestarse de nuevo el próximo sábado.
De las más de 2,500 personas detenidas, 149 se encuentran en prisión, ya sea a la espera de juicio o condenadas, según un nuevo balance del ministro de Justicia, Gérald Darmanin.