Opinión
Periodista
Jorge se partía en carcajadas al responder a quienes le preguntaban en qué trabajaba. Era ciego, condición que había decidido llevar “mirándose” a sí mismo y al mundo con mucho humor.
Compartimos aula un par de ciclos, en mis lejanos años de estudiante de periodismo. Casi siempre llegaba a clases con su esposa, a quien piropeaba para agradecerle la compañía.
“Cada día te veo mejor”, solía decirle, y ella, tan joven como él, le reclamaba seriedad, aunque sonreía discretamente con sus bromas.
Se habían conocido en la adolescencia, cuando Jorge ya había perdido la vista, y desde entonces ella no había dejado de ofrecerle su brazo.
Confiados en su exquisito buen humor, los demás solíamos chacotear a su costa.
En la clase de televisión le pedíamos que fuera camarógrafo y fotógrafo en la de fotografía.
Por su puesto, rechazaba las ofertas aclarando que su puesto estaba en la luminotecnia, el arte de iluminar escenarios y personajes.
En un maletín deportivo llevaba sus cuadernos de escritura braille y, junto a ellos, su bastón, que no usaba en el aula porque había memorizado el orden de las carpetas.
Lo sacaba para bajar escaleras, caminar por la calle y moverse por lugares desconocidos, y también para amenazar con golpearnos cada vez que sentía perdida la “batalla” de chacoteros.
Recuerdo a Jorge en este octubre que se acaba, el mes en que los periodistas celebramos nuestro día central, y se multiplican los homenajes a quienes más han brillado en el oficio.
Rara vez, sin embargo, homenajeamos a los periodistas ciegos, obligados a redoblar ingenio y empeño para desenvolverse en una época dominada por los elementos informativos audiovisuales y los equipos que los producen.
Trabajan sin poder descubrir la noticia con la mirada, como la española Nuria del Saz, la primera presentadora ciega de informativos de televisión en el mundo, y de Gary O’Donoghue, corresponsal en jefe de BBC News para América del Norte.
Lo importante es que ninguno habla desde la lástima. Jorge, a quien no veo desde mis épocas de estudiante, tenía condiciones para ser un buen entrevistador porque sabía escuchar.
Gary es un buen narrador porque sostiene que el periodismo sigue siendo, en esencia, un oficio hecho de conversación y de oído atento.
Nuria, por su parte, cuenta que ha ido aprendiendo, actualizándose y, muchas veces, anticipándose a los nuevos productos informáticos para alcanzar el mismo grado de competencia que sus compañeros.
Pero también hay los que abren su propio camino ante la poca tolerancia.
Es el caso de nuestra compatriota Andrea Burga, quien contó que varios medios del país le negaron un lector de pantalla con el argumento de que no era compatible con sus equipos.
Su respuesta fue crear su propio espacio digital, Sociedad y Discapacidad (Sodis) y desarrollarse, sin ayuda, como periodista.