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  • de octubre de 2026

Central

FOTOGRAFIA
Las líneas de Nasca y palpa

Un siglo de estudio

Un repaso a la investigación de los geoglifos desde los trabajos pioneros de Mejía Xesspe hasta el uso de la IA.


Editor
Ernesto Carlín Gereda

Editor de Culturales

ecarlin@editoraperu.com.pe


Esa fue la primera ocasión en que los geoglifos del lugar eran abordados con rigor, aunque ya eran conocidos de antes. En la década de 1920 el mundo estaba cambiando. Las imágenes que antes no podían ser apreciadas en su totalidad, desde hacía poco eran mejor observadas por la aviación.


Los trabajos pioneros de Mejía Xesspe se presentaron en el Congreso Internacional de Americanistas celebrado en Lima en 1939. Sus actas se llevaron a imprenta en 1940.Para el arqueólogo, estos trazados significaban seqes o caminos religiosos. El trabajo del peruano sirvió para que investigadores foráneos se interesaran en estos vestigios culturales.

Calendario

Uno de ellos fue el historiador estadounidense Paul Kosok, quien llegó a Nasca mientras investigaba antiguos sistemas de irrigación. El 22 de junio de 1941, durante el solsticio de invierno austral, observó que una de las líneas parecía orientarse hacia el lugar donde se ocultaba el Sol. A partir de esa coincidencia propuso que los geoglifos podían tener una función astronómica. Llegó a describir la pampa como el mayor libro astronómico del mundo.

La matemática alemana María Reiche recogió esa línea de investigación desde 1946, a petición de Kosok. Durante décadas midió y cartografió los trazos, estudió sus orientaciones y defendió la hipótesis de que el conjunto constituía un gran calendario astronómico. Su trabajo fue fundamental tanto para documentar las figuras como para promover su conservación y difundir su importancia.


La hipótesis calendárica, sin embargo, fue sometida a comprobación. En 1969, el astrónomo estadounidense Gerald Hawkins utilizó mediciones instrumentales y análisis estadísticos para examinar las orientaciones de un sector de la pampa.

Sus resultados cuestionaron que las líneas pudieran explicarse, en conjunto, como un calendario astronómico. En las décadas siguientes, Anthony Aveni y Gary Urton también estudiaron estadísticamente los trazos y sus posibles relaciones con el cielo. La discusión permitió distinguir entre coincidencias astronómicas particulares y una explicación general que pudiera aplicarse a todo el conjunto.


Las investigaciones posteriores ampliaron el campo de estudio. En 1997 comenzó un proyecto arqueológico interdisciplinario en la región de Palpa, al norte de Nasca, que reunió a arqueólogos y especialistas en fotogrametría.

El equipo combinó fotografías aéreas, trabajo de campo y sistemas de información geográfica para registrar las figuras, reconstruir sus características y relacionarlas con los asentamientos y el paisaje. Karsten Lambers, en su estudio The Geoglyphs of Palpa, Peru, documentó y analizó más de 600 geoglifos en las inmediaciones de esa localidad.Estos trabajos contribuyeron a que las líneas dejaran de ser examinadas exclusivamente como posibles instrumentos astronómicos. Los investigadores comenzaron a estudiar también su relación con los caminos, los espacios ceremoniales y la organización del territorio.

Las interpretaciones rituales y sociales adquirieron mayor relevancia, aunque no se ha demostrado que todas las figuras tuvieran una misma función ni se conoce con certeza el significado de cada una.

Nuevos tiempos

Los avances tecnológicos ampliaron las posibilidades de investigación durante el siglo XXI. La fotogrametría, las imágenes de alta resolución, los modelos tridimensionales y la teledetección permitieron documentar extensas superficies con mayor precisión.

Lo que antes podía demandar años de observación, una búsqueda paciente y, en ocasiones, cierta suerte, ahora puede abordarse de manera más sistemática mediante herramientas digitales que señalan lugares donde podrían existir figuras todavía desconocidas.Un cambio significativo llegó con la inteligencia artificial.


En setiembre de 2024, un estudio dirigido por el arqueólogo japonés Masato Sakai, de la Universidad de Yamagata, en colaboración con IBM Research, informó de la identificación de 303 nuevos geoglifos figurativos mediante un sistema de aprendizaje automático y posteriores verificaciones de campo.

Reconocimiento

Las líneas también han recorrido un camino institucional. El 26 de julio de 1993, mediante la Resolución Jefatural N.° 421/INC, se declaró la Reserva Arqueológica de las Líneas y Geoglifos de Nasca y Palpa. Posteriormente, la Resolución Directoral Nacional N.° 654/INC, del 13 de agosto de 2004, precisó su condición como integrante del Patrimonio Cultural de la Nación y área de reserva arqueológica. En el ámbito internacional, las Líneas y Geoglifos de Nasca y Palpa y las Pampas de Jumana fueron inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en 1994. Según el orden cronológico de las inscripciones peruanas, constituyeron el noveno bien del país en recibir este reconocimiento. Hoy en día, el Perú cuenta con 13 bienes inscritos en esa lista, entre culturales, naturales y mixtos.

Dato

1939 fue el año en que se presentó el primer trabajo científico sobre las líneas de Nasca.