Editorial
El Perú cuenta con cifras fiscales sólidas, una demanda interna activa, el reconocimiento de analistas internacionales y un capital humano que empuja la actividad productiva
Citi, en su informe “Latinoamérica está lista para despegar”, proyecta que el Perú crecerá 3.1% este año y 3.3% en 2027. La brecha con sus vecinos resulta elocuente: Argentina avanzaría 2.5%, Colombia 2.3% y Chile cerca de 1.1%.
El economista jefe de Citi para la región, Ernesto Revilla, atribuye esa ventaja a la estabilidad macroeconómica, la fortaleza de la moneda y una deuda pública que llegaría a 33.6% del producto bruto interno (PBI) en 2027, un colchón que pocos países emergentes pueden exhibir. Confía en el buen momento de la economía peruana.
Los datos locales respaldan ese optimismo. De acuerdo con el Banco Central de Reserva (BCR), el PBI creció 3.2% interanual en agosto y 3.1% en los ocho primeros meses.
La producción no primaria se expandió 4.3%, con una construcción que subió 10.3%, impulsada por las obras de las gestiones subnacionales, y un comercio que avanzó 6.9%.
Los servicios, con 4.3% acumulado, completan un cuadro de dinamismo amplio. El consumo interno, en suma, sostiene el paso mientras otros motores descansan.
Esos otros sectores explican la cautela, aunque la agricultura, con frutales tempranos, café y cacao, ya creció 3.4% en agosto. La pesca acumula una caída de 31.7% en lo que va del año, la minería metálica cedió 6.1% en agosto y los hidrocarburos retroceden 9.1% entre enero y agosto.
La entidad financiera admite que aún no puede medirse el impacto real del fenómeno y que, si los efectos resultan más intensos de lo previsto, el desempeño sería menos favorable.
De ahí que la preparación del Estado adquiera un valor decisivo. Su capacidad de respuesta no solo atenúa los daños inmediatos; evita también que las interrupciones productivas y el alza de precios erosionen de forma más duradera el crecimiento y el consumo.
La prevención oportuna, la articulación entre niveles de gobierno y las obras ejecutadas con sentido de urgencia son las herramientas al alcance.
La confianza, como un puente, se construye con paciencia y se conserva con mantenimiento.
El Perú cuenta con cifras fiscales sólidas, una demanda interna activa, el reconocimiento de analistas internacionales y un capital humano que empuja la actividad productiva. Falta traducir esos elementos en un resguardo concreto para quienes dependen del mar, del campo y de la fábrica. La labor no admite pausas ni excusas, y convoca por igual a autoridades locales, gremios, empresas y ciudadanos.
Anticiparse al temporal es la mejor manera de que la certeza recibida se convierta en bienestar compartido.