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  • de octubre de 2026

Cultural

FOTOGRAFIA
Complejo arqueológico Toro Muerto

Mirando al cielo

Petroglifos habrían tenido fin astronómico, según estudio.

La hipótesis se apoya en alineaciones entre rocas grabadas, el volcán Chachani y la salida del Sol durante los equinoccios, explicó Liz Gonzales Ruiz, codirectora del Programa de Investigación Arqueológica Toro Muerto (PRIA-TM) y Janusz Woloszyn.

Alineaciones en el paisajeSegún Gonzales Ruiz, en los equinoccios el Sol sale detrás del Chachani y se alinean el astro, el volcán y una roca principal.

El análisis comprende posibles alineaciones de conjuntos de rocas con montañas, colinas, pampas y otros puntos del horizonte, asociadas a equinoccios y solsticios.

Los investigadores continúan contrastando estas relaciones.

El Sector X, situado en la parte más septentrional y aislada del área de petroglifos, reúne más del 80% de los motivos circulares registrados: círculos, círculos concéntricos, diseños radiantes y figuras con puntos.

Su distribución impulsó el estudio, en el que participa Juan Pablo Villanueva, arqueoastrónomo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Un espacio ceremonial

Toro Muerto abarca unos 50 kilómetros cuadrados y el proyecto ha registrado alrededor de 2,600 rocas grabadas, concentradas en unos 10 kilómetros cuadrados. Algunas presentan paneles con más de 150 unidades gráficas.

Los investigadores consideran que no fue un asentamiento habitacional convencional, sino un espacio ceremonial visitado durante unos 2,000 años por poblaciones del valle de Majes y de otras zonas.

Entre las figuras distintivas están los “Danzantes”, personajes antropomorfos con posturas dinámicas y rasgos faciales que podrían representar lágrimas, pinturas o máscaras.

A partir de comparaciones arqueológicas regionales, Gonzales Ruiz sitúa estas imágenes entre el final del periodo Formativo y el inicio del Intermedio Temprano, aproximadamente entre 150 a. C. y 300-350 d. C. El equipo aún no establece una secuencia cronológica definitiva para todos los diseños.

El programa trabaja en el sitio desde hace once años y emplea georreferenciación de precisión, sistemas de información geográfica y georradar para documentar las rocas y estudiar su distribución.

Los investigadores preparan artículos científicos sobre la hipótesis astronómica y prevén publicar nuevos volúmenes del catálogo de arte rupestre.

Dato

1951 fue el año en que se dio a conocer Toro Muerto a la ciencia.