Opinión
El pontífice nos llama a preservar aquello que nos hace auténticamente humanos: la familia
Instituto de Ciencias para la Familia (ICF). Universidad de Piura
Durante las jornadas meditamos sobre varios temas relevantes, iluminados por la fe y, sobre todo, desde el sentido de compromiso y urgencia que debe movernos para anunciar el Evangelio; especialmente entre las familias más vulnerables, aquellas que están fracturadas por la pobreza, la violencia o la ruptura de sus vínculos.
En estas sesiones comprobé que la Iglesia católica es verdaderamente una madre: que sufre con las heridas de sus hijos, se fortalece con sus luchas y se regocija con sus esperanzas. Permanece cercana a los dramas humanos, y, en ella, huérfanos, viudas, madres adolescentes, personas con adicciones y padres separados pueden encontrar consuelo y esperanza. Además, deliberadamente se ha propuesto no excluir a nadie, porque incluso en las familias más frágiles, llamadas también disfuncionales, se manifiesta la belleza del Evangelio. El santo padre nos pide contar con ellas para la misión apostólica.
El papa Francisco ya había advertido que “nadie se salva solo”. Los padres de familia debemos retomar el protagonismo de ser los primeros maestros de la fe, donde los niños se hacen hijos de Dios por el bautismo y experimentan el amor de Dios a través del amor incondicional de sus padres. Esto no ocurre espontáneamente: requiere tiempo, paciencia, intimidad y una conciencia clara de que nuestra principal misión es ayudarles a tener una mirada trascendente de la vida, a vivir su fe con coherencia y abrirse con libertad al misterio de la gracia.
Sin embargo, en las circunstancias actuales, las familias experimentan múltiples presiones que debilitan su fuego como iglesia doméstica. En Amoris Laetitia se explica cómo la falta de oportunidades o el exceso de alternativas, en medio de una cultura individualista, marcada también por el consumismo y la búsqueda del placer pasajero, causan fatiga y angustia por el futuro. Por eso, en sus mensajes, León XIV pide a los jóvenes que no tengan miedo de casarse y de formar familias.
Aunque muchos factores pueden ser aprisionadores, como sociedad no podemos permitir que los anhelos naturales de amor y de vínculos familiares queden ahogados por el pesimismo. En Magnificat Humanitas, el pontífice nos llama a preservar aquello que nos hace auténticamente humanos: la familia. En ella se encarna el amor de Dios por la humanidad y por cada una de sus criaturas.
Durante la asamblea redescubrimos que es ineludible un cambio de enfoque en la pastoral familiar, de modo que esta se haga con y desde las familias, que se base en una escucha discreta y sin juicios, el acompañamiento y el discernimiento; y donde los laicos tengan mayor protagonismo. Hacen falta más matrimonios que puedan acompañar a otras parejas, que les trasmitan la sabiduría de su experiencia sobre la gracia específica del sacramento que ayuda a sostener el vínculo.
Además se necesita que los agentes pastorales, que participan en la preparación para el matrimonio y la consejería familiar, adquieran una formación más especializada. Esto supone una oportunidad para que las universidades y centros de estudios aporten con los hallazgos de las ciencias de la familia a una preparación específica y actualizada.
Asimismo, las universidades pueden brindar preparación remota para el matrimonio a sus estudiantes, mediante cursos de humanidades, en los que se les ayude a comprender las claves de la antropología cristiana. Hemos sido creados con una dignidad infinita, por amor y para amar, y el propósito de nuestra vida se realiza en la donación y el amor benevolente hacia los demás.
La complejidad del mundo actual puede desalentarnos y hacernos olvidar la belleza del amor conyugal y familiar en lo cotidiano, aquel que encarna la virtud de la caridad, a pesar de los conflictos. Si queremos lograr esa base del amor humano, mirando a los demás con los ojos de Cristo, podríamos empezar por preguntarnos: ¿qué puedo hacer para amar mejor a mi familia?, ¿cómo ayudar a las familias de mi entorno? Sostener y proteger a las familias nos concierne a todos.