Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia
  • LUNES 2
  • de noviembre de 2026

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Reflexiones

El talón de Aquiles del ser humano


Editor
Luis Luján Cárdenas

Periodista y sociólogo


Diferentes estudios sociales demuestran la involución de la mal llamada humanidad. Yo la denominaría más bien barbariedad (sic), simplemente, porque siendo animales con mayor grado de inteligencia y dizque pensamiento crítico y complejo, nuestra historia es una sucesión de hechos sociales totalmente irracionales que niegan el humanismo, registrando por doquier salvajismo, crueldad, ignorancia, incultura, barbarismo, ferocidad, brutalidad, atrocidad, bestialidad, vandalismo, agresividad extrema y violencia sin límites.

La ciencia sostiene que somos animales racionales, conscientes, libres, capaces de cuestionar su propia existencia y buscar el sentido de la realidad. Pero a fin de cuentas, lo cierto es que desde el Paleolítico (hace 3,300 años a. C.) hasta la actual sociedad digital y de la inteligencia artificial, seguimos siendo animales en esencia, en pensamiento y actos. No comprendemos ni diferenciamos a plenitud entre el bien y el mal. Abrazamos el odio y desechamos el amor, practicamos el egoísmo y no la solidaridad, la arbitrariedad y no la justicia, amamos la muerte y despreciamos la vida en sus diferentes manifestaciones. En ese sentido, cualquier animal o ser vivo es superior a nosotros en alma, práctica e inteligencia, conceptos arbitrarios en nuestra ciencia y cultura.

¿Por qué lo digo? Porque la historia del Homo sapiens es una historia de muerte, genocidio y crímenes de lesa humanidad, desde que pusimos el pie en la Tierra. Para muestra, los seis últimos siglos. En el siglo XVI, debido a guerras, violencia, hambre y enfermedades provocadas por acciones antrópicas, murieron aproximadamente en el planeta 200 millones de hombres, mujeres y niños. En el siglo XVII, la cifra aumentó y fallecieron 750 millones; en el siglo XVIII, sucumbieron 1,100 millones de seres humanos; en el siglo XIX, fueron 2,200 millones; mientras que, en el siglo XX, superaron los 4,200 millones; y en lo que va del primer cuarto del siglo XXI, a la fecha han perecido 1,544 millones de seres humanos. Según esta tendencia, en 2100 los muertos podrían ascender a más de 6,000 millones. Y si ocurriera un conflicto nuclear entre dos potencias, este número se duplicaría.

En seis siglos, con diferentes sociedades en el planeta, las muertes tienden a aumentar peligrosamente y más aún con la sofisticación de las armas y su destrucción masiva, que incluso amenazan la propia existencia de la raza humana y su civilización.

Nunca han parado las muertes por efectos políticos, étnicos, raza, religión o ideología, más por el contrario, se han multiplicado a partir del siglo XVIII, desde el surgimiento del sistema capitalista y sus valores como la democracia, la igualdad, la propiedad privada y el interés propio. Entender nuestro pasado nos ayuda a comprender el presente y futuro, y, como vemos, nuestra precaria existencia está signada por la autodestrucción consciente, premeditada y con alevosía.