Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia
  • MIÉRCOLES 4
  • de noviembre de 2026

Opinión

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Reflexiones

“Sí, con todas las cremas”

Tres hombres, dos de ellos muy jóvenes y el otro un cuarentón de fácil carcajada, abrían el puesto apenas comenzaba a caer la tarde. Ofrecían salchipapas repitiendo siempre la misma pregunta: “¿Con todas las cremas?”.

En casa, como en la de todos los que vivieron en aquella época, preparábamos la sencilla combinación de papas y hot dog fritos, que los más pequeños embadurnábamos con mostaza, kétchup y mayonesa solo cuando el presupuesto familiar lo permitía. El ingrediente principal era la histórica salchicha marca Vita Rica, un producto muy recordado no solo por su exquisitez, sino porque popularmente se decía que estaba elaborado con carne de ballena cazada en el mar de Piura.

Debo admitir que nunca había probado el potaje fuera de casa, y estoy seguro de que a la mayoría de mis incontables vecinos les ocurría lo mismo. Por eso, la novedad no era solo el remolque blanco estacionado junto al parque El Porvenir, sino también el revoltijo que vendían en platos de tecnopor cubierto de todas las cremas.

El origen de la salchipapa no está claro. Algunos lo ubican entre las décadas de 1950 y 1960, y hay quienes sostienen que es de procedencia internacional, pues también se encuentra en Ecuador y Colombia e incluso en España, aunque con otro nombre.

Lo cierto es que los peruanos encontramos en la salchipapa una manera de domesticar la comida rápida estadounidense. Tomamos el hot dog, le sumamos la papa andina y la bañamos con todas las cremas que nuestro ingenio pudo inventar, como la de aceituna, la de rocoto, la golf, la tártara o la de ají. Más de una docena de combinaciones la han convertido en uno de los hitos de nuestra gastronomía. Pero que quede claro que no es solo comida rápida. Es, en el fondo, la forma en que el barrio aprendió a darle buen uso a lo poco que había, a compartir lo suyo y a nacionalizar, con buen gusto, lo que se presentaba como internacional.

Es tan peruana la salchipapa que hasta le dedicamos un día cada noviembre para celebrarla y destacar su sabor artesanal y sazón fresca, a diferencia del modelo industrial anglosajón, basado en el ultraprocesamiento y la automatización corporativa.

Al remolque blanco que llegó sin publicidad le bastó para colarse en las noches de El Porvenir un aroma distinto, la carcajada fácil del cuarentón y la pregunta que repetidamente se repetía con la paciencia de un ritual: “¿Con todas las cremas?”, a lo que respondíamos sin dudarlo y a viva voz: “Sí, con todas las cremas”.