Cultural
La exposición reúne una selección de estos singulares vasos ceremoniales, empleados para hacer circular líquidos antes de verterlos o beberlos. Sus formas y representaciones permiten acercarse a las antiguas prácticas rituales de las sociedades andinas.
La muestra reúne objetos de distintas épocas, desde las primeras manifestaciones de esta tradición en el mundo prehispánico hasta piezas elaboradas durante el Virreinato.
Sus formas y representaciones muestran la diversidad de estos recipientes. Algunos reproducen animales, plantas y elementos relacionados con la actividad agrícola.
Otros presentan mecanismos que condicionan la manera en que debe circular el líquido o la posición desde la cual se bebe.

Isabel Collazos, curadora de arte precolombino del MALI y responsable de la investigación junto con Ricardo Kusunoki, explica, en declaraciones al Diario Oficial El Peruano, que la exposición surgió de una conversación que tuvo cuando empezó a trabajar en el museo hace aproximadamente un año.
Su interés por estos vasos ceremoniales la llevó a descubrir que la institución conservaba una amplia colección, que se convirtió en la principal fuente para organizar el proyecto.
Tradición que permanece
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación es que todavía no se conoce con precisión cómo se utilizaban las pacchas en las ceremonias de tiempos prehispánicos.
Sin embargo, los investigadores encuentran posibles correspondencias con prácticas que continúan en algunas comunidades altoandinas, especialmente durante las actuales fiestas del agua.
La pista para establecer este vínculo llegó a partir de un comentario del antropólogo Juan Ossio.
Gracias a esa referencia, los investigadores conocieron un registro audiovisual realizado por antropólogos de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).
Un fragmento de ese material se proyecta en la exposición y permite observar ceremonias contemporáneas que ayudan a contextualizar el posible uso de estos objetos.

Collazos señala que una de las hipótesis es que los participantes bebían de las pacchas durante las celebraciones agrícolas. Esta posibilidad se sustenta en los restos de maíz y otras sustancias encontrados en algunos ejemplares.
La chicha, bebida fermentada elaborada a partir del maíz, habría tenido un papel importante en esos encuentros. También se considera que los líquidos podían ser vertidos como ofrendas a la tierra.
El agua tiene una dimensión simbólica fundamental en estas sociedades.
Su circulación representa la continuidad de la vida y la fertilidad del suelo.
Para una población cuya subsistencia dependía de los ciclos agrícolas, este elemento tenía un significado que trascendía su función cotidiana. Las pacchas materializaban esa relación mediante el recorrido del líquido por sus conductos y cavidades.
Formas con historias
La exposición también pone de relieve la creatividad de quienes elaboraron estos recipientes. Algunas pacchas representan cataratas y evocan el desplazamiento del agua por el paisaje.
Otras incorporan figuras de animales. Hay ejemplares con soluciones formales que obligaban a beber de una determinada manera, lo que demuestra que su diseño respondía a una función que iba más allá de contener líquidos.
La dualidad, un principio importante en la concepción andina del mundo, también está presente en el planteamiento museográfico. Los curadores han buscado mostrar cómo los objetos y sus representaciones pueden expresar relaciones complementarias.
El recorrido incluye, además, animaciones que explican posibles formas de empleo de los vasos y facilitan la comprensión de sus mecanismos.
La antigüedad de esta tradición constituye otro aspecto destacado. La investigación ha permitido reconocer equivalentes de estos objetos desde periodos muy tempranos, incluso en la cultura Paracas.
Asimismo, la selección incorpora cerámica vidriada de época virreinal. Este arco temporal permite observar la permanencia y transformación de una práctica a través de diferentes sociedades y momentos históricos.
ECG