Central
Minutos antes, ambos no se conocían, brincaban al ritmo de las huaylías –canto de alegría por el nacimiento de Jesús–, daban palmadas a sus polainas, carahuatanas o indumentarias de cuero, y se ajustaban al rostro sus chullos multicolores, tipo ukuku devoto del Señor de Qoyllur R’ity.
Sus pandillas, de recios chumbivilcanos, llevan aves disecadas, cuernos de venado y piel de tigrillo sobre la cabeza. Hacen gala en el Takanakuy, en esta Navidad con sus singulares movimientos e ingesta de cerveza. La sangre hierve y la nubosidad se hace más grisácea.
Momento de la verdad
Armando que dejó su provincia para ser taxista, se liberó del chullo y del polo. Desnudo, relucía un aterrador inca tatuado en su pecho, tomó mosto de caña y sus huestes le ataron con cinchos las manos y remojaron con cerveza para la eficacia en el golpe.
Fue al medio del césped mojado, ni el bullicio de las huaylías lo turbó; menos Rayfo, que se le fue encima, a darle de puñetes y patadas; Armando resistió y reaccionó con un derechazo y logró volarle un diente a Rayfo, que sangró por las comisuras. Al rato, ya tenía la barbilla embadurnada con otro golpe. Armando ha ganado.
Esa fue quizá la pelea más atractiva, sin desmerecer la otra veintena, para Hermógenes Manares, que hizo de juez en este Takanakuy. “Unos golpes llegan a confraternizar a los residentes” afirma el árbitro, después de lograr que los oponentes se den un abrazo de hermanos.
Pregunta crucial
En una breve explicación indica que todo puede nacer, en la polémica pelea, por provocativas interrogantes “¿Kanchahuanchu?” o “¿Nukachahuanchu?” que en español es “¿contigo?” o “¿conmigo”, o un problema no resulto durante el año: mujeres, abigeato, litigio de terrenos u otros factores.
Al campo ferial han llegado miles de chumbivilcanos, cusqueños y turistas atraídos por alguna propaganda. Cirila Loayza Peña, carguyoq o alferada de los residentes qorilazos, invita a degustar platos de chuleta con choclo mientras lleva en su regazo un pesebre con el Niño Dios.
Benicio Torres, presidente de la Asociación de Residentes de Chumbivilcas, en desbordante alegría afirma que buscan que su tradicional festividad sea declarada Patrimonio Cultural de la Nación, la solicitud ya la remitieron al Congreso de la República.
Considera que fue importante evitar las peleas entre mujeres y niños. La advertencia fue hecha hace dos años por los ministerios de la Mujer y la Cultura, y este último año por autoridades locales, incluso del distrito de Santiago en Cusco, que les facilitó el campo ferial de Huancaro.
Sevilla
Para Jaime Gamarra, consejero por esta provincia, el Takanakuy tendría argumentos fundamentales en la propuesta de declaratoria: de acuerdo con una breve reseña, afirma que el nacimiento de esta polémica pelea fue en la calle Huacracalle, colindante con la plaza de Santo Tomás, capital de Chumbivilcas, donde un grupo de españoles dedicados a la minería recordaba una pelea de gallos en Sevilla mientras confraternizaban. “¿Qué hacemos acá?”, se preguntaban.
Menciona que esta festividad no tiene otros fines sino el de saldar fraternalmente una disputa, y que debe de preservarse sin motivo de lucro, como se hace en otros departamentos (Arequipa, Lima, Apurímac y Cusco), donde suelen cobrar por el espectáculo. “¿Kanchahuanchu?” o “¿Nukachahuanchu?”.