En confianza
“Mi especialidad en la cocina es el lomo saltado, pero cuando lo preparo escucho lo que esté sonando y no música de la parte del país de donde es ese plato”.
–¿Cómo nació Sonidos del Mundo?
–Antes, en los años 80, había hecho el programa StereoJazz, con Tito Barreto, y antes, Superjazz. Hacia 1995 empecé a hacer Sonidos del Mundo desde Vancouver, donde viví desde 1988, y mandaba los programas por courrier a la radio Telestereo. Allí me abrieron las puertas para hacer esa propuesta, para entonces totalmente novedosa. Regresé a Lima en 1997 e hice el programa acá, y con el tiempo pasamos a TV Perú.
–Recientemente introdujiste ‘sabores’ a los Sonidos del Mundo. ¿Por qué?
–Porque me encanta la comida y me gusta cocinar. Hay un puente entre gastronomía y música. Escucho música cuando estamos cocinando con amigos. Existe mucha sinergia entre estos dos mundos. Los junté de una forma interesante en el programa de televisión. No necesariamente el músico tiene que cocinar allí, pero varios lo han hecho: Gigio Parodi, Pepe Céspedes, Susana Baca, Jean Pierre Magnet, Alejandro y María Laura...
–¿En dónde y cuándo se origina tu interés por la música?
–Está en mis genes, me parece. Mi padre era una persona muy musical. En mi casa se tocaba música. Un tío tocaba guitarra, mi mamá también lo hacía y cantaba. Escuchar música en vivo en mi casa fue muy importante. Allí nace mi melomanía. Allí empiezas a procesar la música distinto al resto de personas, porque la internalizas como un músico, pese a no tocar instrumentos. Y eso lo descubres recién cuando estás al lado de un músico y este te lo dice.
–¿Nunca has querido aprender a tocar un instrumento?
–Sí, la guitarra, pero cuando empecé a trabajar en la radio encontré otra forma de transmitir música y compartir mi colección.
–¿Cuántos discos tienes?
–Entre vinilos y CD serán entre siete mil y ocho mil, pero ya paré de coleccionar. Ahora todo es virtual para mí. Además, ya no tengo dónde poner más discos, y la forma en que estoy ahora descubriendo la música es muy acelerada, pues conozco a muchos músicos y escucho a artistas nuevos y antiguos también.
–Se dice que a partir de cierta edad ya no tendemos a oír música nueva, sino que volvemos a lo que más nos impactó cuando éramos más jóvenes. ¿No te pasa eso?
–Para nada. No paro de oír música nueva y no voy a parar de hacerlo. Si sigo escuchando lo que oía hace quince o veinte años, me muero. Lo hago, pero no forma parte de mi playlist. Lo toco como un recuerdo o algo especial, pero si no oigo música nueva, siento que me marchito. La música sigue y yo tengo que seguir con ella.
–Supongo, entonces, que sufrirás con la programación de las radios locales.
–Sí. Pasan solo refritos. Se salva un par nomás.
–¿Somos muy nostálgicos musicalmente hablando los limeños?
–Somos conformistas, pero hasta cierto punto nomás, porque hay gente que escucha música por la internet y por eso vienen artistas que uno no sabe cómo es que se hicieron conocidos acá. Alpha Blondy, que es un nombre importantísimo, por ejemplo. Hay submundos y quienes somos productores de conciertos queremos ver ese espectro.
–Apuestas por traer a artistas como Iván Lins o María Rita, que acá no son masivos. ¿Por qué empeñarse en una empresa tan quijotesca?
–Es quijotesco, pero también hemos llegado a un punto en el que la gente apuesta por la marca de Sonidos del Mundo, a veces sin conocer al músico. Saben que van a ver algo de calidad. La de Lins, por ejemplo, es música que, sin conocerla, puede hacerte vibrar, llegar a tu sensibilidad y a tu oído.
–¿No has pensado en producir discos?
–Junto con Susana Roca Rey estamos haciendo una producción internacional en homenaje a Chabuca Granda cantada por artistas extranjeros, como Joaquín Sabina, Ana Belén, Jorge Drexler y otros. La música la harán músicos peruanos. Saldrá a fin de año.