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Fotos: Archivo Histórico del Diario Oficial El Peruano
Su juego gustó tanto que, en su entierro, una gran multitud acompañó el féretro y dos grandes compositores le dedicaron hermosas melodías: Felipe Pinglo, con el one step “Villanueva, el As”, que también se convirtió en polca, y Pedro Espinel, con el valse “Alejandro Villanueva”.
Porque la noticia fue triste e impactante: el 11 de abril de 1944 falleció la figura máxima de Alianza Lima, el líder Alejandro Villanueva Martínez, un larguirucho centrodelantero conocido inicialmente como ‘Manguera’, pues medía 1.95 metros y estaba dotado de una exquisitez en su juego que la hizo extensiva a todo el equipo victoriano, que se ganó las palmas en el Perú y en el extranjero.
Todos los medios de comunicación dieron la noticia del fatal desenlace, pero el diario La Crónica cubrió la mayoría de los detalles. Menciona, por ejemplo, que a su entierro acudieron sus excompañeros de equipo y que la mayoría, como José María Lavalle, no pudo contener el llanto.
Los del Alianza Lima llevaron sobre sus hombros el féretro, unos 600 metros, seguidos por cientos de hinchas tristes por el penoso final del mayor y más grande futbolista aliancista. Hasta los choferes de buses públicos llevaron gente gratis, para acompañar al cortejo fúnebre de tan gran deportista.
Y a la hora del entierro, ante el edecán del Presidente de la República, general Vásquez Benavides, usó de la palabra el presidente del Comité Nacional de Deportes, Miguel Dasso, quien dio lectura al primer discurso. Continuó el presidente de la Federación Peruana de Fútbol, Juan Bromley; el titular de la Asociación No Amateur (de fútbol), doctor Jorge Alba; por Alianza Lima, Fernando Maguil; por sus compañeros del club, Julio Cisneros; por el Círculo de Periodistas Deportivos, Mario de las Casas, y terminó G. Maldonado, presidente del club Alejandro Villanueva.
Nace una estrella
Todos destacaron lo armonioso del fútbol de Villanueva y manifestaron lo valioso de su vibrante aporte al fútbol peruano, al que le brindó personalidad y estilo. Triste, pero también grandioso reconocimiento.
Alejandro Villanueva Martínez había nacido el 4 de junio de 1908 en las últimas cuadras de la avenida Francisco Pizarro, que antes se llamaba Malambo, en el Rímac, zona donde habitaba generalmente gente de raza negra. Cuando era adolescente, su familia se mudó a residir a Maravillas, en los Barrios Altos. Ya le gustaba el fútbol y jugaba por equipos de barrio.
José Salom Maúrtua, quien fue futbolista del Circolo Sportivo Italiano y luego presidente de la Federación Peruana de Fútbol y vicepresidente FIFA para el área sudamericana, me comentó, para un libro sobre sus memorias que elaboré, que en 1924 llegaron a Lima los futbolistas uruguayos que campeonaron en los Juegos Olímpicos de París.
Ellos cumplirían varias actuaciones en nuestra capital, las que debieron realizarse en el Circolo, pues el Estadio Nacional aún no tenía tribunas, y ese club, de súbditos italianos, había inaugurado, poco tiempo atrás, su estadio, con capacidad para 8,000 personas.
Talento para el balompié
Quien no se perdía un entrenamiento era un muchacho moreno y alto que se ganó la confianza de los uruguayos, y hasta le permitieron entrenar con ellos.
Entonces en Lima se jugaba un fútbol simple, de centros y pases largos, que nos habían dejado los ingleses del Lima Cricket. Los uruguayos jugaban al toque, hacían triangulaciones, la pasaban entre las piernas (‘huacha’ o ‘túnel’) o la pasaban por encima de la cabeza del contrario (‘sombrero’) y hasta la paraban con el pie a gran altura.
Villanueva aprendió esas jugadas y hasta la ‘jalada’, aunque se echaba en el pasto, pues era muy alto para realizar ‘la chalaca’ o ‘caracol’.
Este fútbol cunda, habilidoso, primero lo llevó Villanueva al Teniente Ruiz, del Rímac, en 1926, donde jugó en Segunda División; al año siguiente, 1927, se pasó al Alianza Lima, que precisamente ese año dejó de llamarse Sport Alianza y se mudó a La Victoria.
Villanueva se convirtió en el líder del equipo, le llamaban ‘El Maestro’, y trasladó la sapiencia de su juego a sus nuevos compañeros, entre los que destacaron Alberto Montellanos, José María Lavalle y Demetrio Neyra.
Campeonó en el primer torneo de la Federación Peruana de Fútbol, en 1928 y fue fundamental para el ‘tri’ de 1931, 1932 y 1933. Brilló en la gira a Chile, de finales de 1935, en la que Alianza terminó invicto y fue reconocido como el ‘Rodillo Negro’.
Y Felipe Pinglo Alva compuso “Villanueva, el As”, cuando regresó Villanueva de la gira del combinado del Pacífico. Ahí Pinglo menciona todos los puertos que tocaron, como Colón y Curazao, Dublín, Belfast, Edimburgo, Gloster, Londres, Róterdam, Praga, Múnich, París y Niza, con Barcelona y Madrid. San Remo, Las Palmas y Tenerife. Esto ratifica lo que sostengo en un libro sobre Pinglo que presentaré en julio: Pinglo se fue a La Victoria en 1932, casado y con dos hijos. Se fue por una morena, Victoria, y por su hinchaje al Alianza, y no entre 1921 y 1924, como sostiene otro autor, cuando Pinglo era soltero y, al volver, compone “De vuelta al barrio”. Pero esa es harina de otro costal.
‘Manguera’ Villanueva también se luce en los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, y está presente en el Mundial de Uruguay, de 1930. Su fútbol creativo también es efectivo y termina como goleador en esos campeonatos. Su grandeza fue reconocida en el Perú y en el extranjero. Y por eso el estadio aliancista lleva su nombre: Alejandro Villanueva.
“Alejandro Villanueva” (valse)
Autor: Felipe Pinglo Alva (*)
Maestro del pase entre los pies,el balón esclavo tuyo es;dominado siempre ha de llegar donde tu saber lo quiere enviar.Eje de una línea de mucho valor,sirves a conciencia, con gran precisión,distribuyes juego de manera singular;tu visión es presta y tu pase eficaz. De cabeza juegas como el mejor,delantero centro, forzoso internacional,tu acción es cerebro y recreación, Alejandro Villanueva, del fútbol peruano honor. Dribleando tu estilo único es,tus shots y jaladas sin igual;la de cuero y goma entre tus pieses esclava de tu voluntad.
(*) Fue una canción que ‘Manguera’ escuchó en vida.
“Alejandro Villanueva” (**)
Autor: Pedro Espinel
El sol se despuntaba, anunciando el nuevo día y en las calles se advertía el barullo matinal,y en el nosocomio una vida se extinguía,tras de su lenta agonía, partía a la eternidad.Recuerdos de otros tiempos surgen hoy a mi memoria,como un eco de la historia, un pasaje del ayer.