• MARTES 10
  • de marzo de 2026

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Chalacos de fiesta

Callao, más que un puerto

¿Qué une a más de un millón de chalacos que celebran hoy jubilosos bajo el grito enérgico de “Chim Pum, Callao”? La violencia que azota el primer puerto a veces oculta sus valores culturales.

Lo define, ante todo, la relación con el mar de Grau. El Terminal Portuario del Callao es el motor del desarrollo nacional, para las importaciones y exportaciones. El Callao tiene como venas de integración a las avenidas La Marina, Faucett, Colonial y Gambetta; el ferrocarril Lima-Callao y, por supuesto, el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, que nos conecta con el mundo.

Aquí el cebiche respira frescor desde los tiempos precolombinos (los sitios arqueológicos de El Paraíso y Oquendo hablan de este pasado; y ‘chalaco’, según los entendidos, proviene del vocablo quechua challwakuq o pescador).

Y del Callao son los choritos a la chalaca, piqueo indispensable mientras se espera una parihuela, un pulpo al olivo o pejerreyes arrebozados en un restaurante de Bellavista, Chucuito o La Punta, mientras se observa las siluetas de las islas San Lorenzo, El Frontón y Palomino. O se baila una salsa, ritmo que nos remite, por antonomasia, a su geografía: ya un clásico de la cartelera internacional es el Festival Chim Pum Callao, y no hay sonero salsero del mundo que se respete que no haya recalado en el primer puerto peruano. En algunas zonas del Callao, el boricua Héctor Lavoe es venerado casi como una deidad.

Las tradiciones de extramares han dado ingredientes. No olvidemos a los comercios italianos, sobre todo en La Punta, y por ello el tallarín verde y el menestrón son también del Callao.

El patrimonio cultural del primer puerto es amplio. Es deporte y educación. Cuna del Sport Boys, del histórico Club Atlético Chalaco (uno de sus hinchas más acérrimos fue el guitarrista Óscar Avilés, también vecino de esta provincia); además, cuenta con el Colegio Militar Leoncio Prado y la Universidad Nacional del Callao entre sus baluartes.

En el Callao, la Marina de Guerra del Perú tiene el Museo Naval y el submarino Abtao; allí también funcionan los astilleros del Servicios Industriales de la Marina (Sima).

Se escucha indistintamente en rocola o mp3 a Rómulo Varillas y los Embajadores Criollos, al salsero Antonio Cartagena, a los cantantes de coloratura Yma Súmac y Alejandro Granda, o a los roqueros Pedro Suárez-Vértiz y Marcello Motta: todos chalacos.

Los pescadores artesanales vuelven de sus faenas y se ofertan en el terminal pesquero de Ventanilla los frutos de su esfuerzo, con la bendición de la beata Sarita Colonia, San Pedro y el Señor del Mar. Ahora es tiempo de celebrar. Felices 180 años y ¡Chim Pum, Callao! (José Vadillo Vila)