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Santiago Velásquez tenía 8 años y el 11 de marzo de 1826 se portó como un hombre. El niño había sido claro ante los tres ganapanes chilenos: en su casa, en el distrito de Calana, al norte de Tacna, no flamearía la bandera del país invasor. Ningún Velásquez le daría vivas y él no iría al liceo para nutrirse de la doctrina de Diego Portales, quien había sentenciado que el futuro de Chile estaba en tomar el sur del Perú.
Por eso vino la golpiza e intentaron ultrajar a su hermana, Olga, hasta que un palazo removió la morra del mapuche José Llangato, quien devolvió el golpe con insania y la agarró a puntapié limpio. Luego, con sus cómplices, saqueó la casa y quiso quemarla, pero llegó la madre de los críos con más gente. Huyeron.
El episodio es narrado con cierta prolijidad en la edición del 13 de marzo de 1926 de La Voz del Sur. Era una raya más al tigre, pero una raya que entonces debía conocerse más que nunca, pues la reincorporación de Tacna estaba a la vuelta de la esquina.
Se trataba de un ataque más de ‘Los Mazorqueros’, pandilla paramilitar que por décadas sembró el terror y parió viudas en Tacna. Con el auspicio y la logística de la soldadesca invasora, golpeaban, robaban y asesinaban a los peruanos chúcaros que se negaban a reconocer a Chile como la nueva patria.
El historiador Eduardo Yepes cuenta que si bien por un lado los chilenos desenvainaban la espada para intentar chilenizarlos, por otro lado blandían su sonrisa hipócrita y manipuladora desde la esquina académica.
La educación clandestina
Por más que trajeron catedráticos desde Santiago para impresionar a los púberes tacneños de la primera generación nacida en cautiverio, el patriotismo se mantuvo a flor de piel. Los nuevos tacneños no se dejaron seducir y se instruyeron en escuelas clandestinas que abría la Sociedad Católica de Instrucción y Auxilios Mutuos.
Si bien el Tratado de Paz de Ancón de 1883 estipulaba que en diez años debía efectuarse un plebiscito para que las poblaciones de Tacna y Arica decidieran por el Perú o Chile, en 1894 el invasor pateó el tablero y de ahí en adelante, como una forma de resistencia cultural, los tacneños afianzaron su peruanidad y produjeron el mejor teatro y poesía de su historia.
El Himno de Tacna
Como parte de la resistencia tacneña, en la gloriosa Sociedad de Artesanos y Auxilios Mutuos El Porvenir, en 1886 se escuchó por vez primera el Himno de Tacna. La composición fue de Modesto Molina y tenía la misma música que el Himno Nacional. Se cantó hasta 1911, año en que se intensificó la violencia hacia los peruanos y se destruyeron las imprentas de los combativos diarios La Voz del Sur y Tacora.
Una década después, en 1925, la comisión estadounidense que debía evaluar la factibilidad del plebiscito resolvió que no había garantías para un proceso neutral con ‘Los Mazorqueros’ golpeando cabezas, derramando sangre y matando peruanos.
Después de una serie de negociaciones directas entre los entonces presidentes del Perú y Chile, Augusto B. Leguía y Carlos Ibáñez, los chilenos soltaron el anzuelo y el dictador Leguía lo mordió con genuflexión y alegría: se partirían los territorios.
Se decidió que Tacna regresara al Perú y Arica siguiera bajo el infame yugo chileno. Esto se concretó el 28 de agosto de 1929 en una ceremonia con más de 20,000 almas en la plaza de Armas de Tacna, y que concluyó con el izamiento de la bandera y la entonación del himno por soldados peruanos, universitarios, campesinos, mujeres corajudas y ciudadanos con el corazón partido: se recuperaba la ciudad, pero se perdía el puerto para siempre.
Paradojas de la historia
A 86 años del regreso de Tacna al Perú, la situación de las ciudades hermanas es dispar: Tacna ha crecido y diversificado su oferta productiva y comercial.
Por otro lado, Arica sigue pareciendo un pueblo grande. Sin querer queriendo, sus habitantes sufren un proceso de peruanización. Paradojas de la historia, los principales restaurantes ariqueños sirven lomos saltados y cebiches. En sus casas se lavan los dientes con pasta dentífrica peruana, agradecen el talento de los odontólogos y médicos tacneños.
Visten polos traídos del emporio comercial limeño de Gamarra y pasan un tercio de su vida en suelo peruano. (Martín Vargas Barrera)
Datos:
En Tacna se dio el primer grito de independencia en 1811 con Francisco de Zela, y solo dos años después ocurrió la rebelión de Enrique Pallardelli.
Ambos fueron los precursores en la causa independentista, y por ello, en 1828 Tacna fue declarada oficialmente Ciudad Heroica.