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Fotos: Archivo Histórico del Diario Oficial El Peruano
Dice la historia que una nueva Lima nació del desierto, al extremo sur de la capital. La ventisca lleva al 28 de abril de 1971, cuando 200 familias, todas de inmigrantes de los cuatro puntos cardinales del Perú, invaden terrenos de las afueras, al sur de la capital, en Pamplona. La presión demográfica los empuja a clavar sus esteras de sueños, pero viene la represión policial (son terrenos privados) y hay chozas incendiadas, heridos y un muerto que se convertirá en su primer mártir, Edilberto Ramos.
Intercede la Iglesia católica a través del obispo auxiliar de Lima, Luis Bambarén, ‘el obispo de los pueblos jóvenes’, quien celebra una misa en el lugar para rendir homenaje a los fundadores de esta naciente Lima. Al gobierno del general Juan Velasco Alvarado no le quedó más que trasladar a las familias, que ya suman 30,000, a los arenales de La Hoyada de Lurín, el 11 de mayo de ese año. Entonces nació Villa El Salvador.
VES nació de la nada. Los vecinos rápidamente se organizaron y nombraron a sus primeros dirigentes. La frase ‘Porque nada tenemos, todo lo haremos’ se convierte en su grito de lucha para sobreponerse a la dureza del desierto. El modelo de organización social logra sus frutos: todos trabajan los fines de semana y los feriados para levantar colegios, iglesia, pistas, solucionar temas de agua y electricidad. Con el tiempo, ese modelo será admirado.
Esta organización social autogestionaria de manzanas, grupos residenciales y sectores permite en 1974 que sus dirigentes se reúnan y funden la Comunidad Urbana Autogestionaria de Villa El Salvador (Cuaves). Esta macroorganización les permitirá buscar soluciones mayores a los problemas de esta nueva sociedad en formación: darle un techo digno a sus hijos. Así, en 1982 se crea el Parque Industrial de Villa El Salvador y en junio de 1983 la zona se convierte en el distrito de Villa El Salvador; Michel Azcueta fue el primer alcalde al año siguiente. Por la participación dirigencial será reconocida desde el inicio como la máxima organización del distrito y será distinguida con dos premios internacionales en 1987: el premio Príncipe de Asturias de la Concordia y el Ciudad Mensajera de la Paz, de la Organización de las Naciones Unidas.
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Fue en Villa El Salvador hasta donde llegaron dos millones de fieles para ver al papa Juan Pablo II ese febrero de 1985. “El último momento de mi visita al Perú está aquí en este pueblo joven que se llama Villa El Salvador”, dijo el polaco bueno, Karol Wojtyla, mientras la multitud gritaba una y otra vez: “Juan Pablo amigo, Villa está contigo”.
Los videos recuerdan el rostro alegre de María Elena Moyano cantando: “En Villa yo nací, en Villa me enamoré, en Villa tendré a mis hijos, en Villa me divorcié. El día que yo me muera y me lleven a enterrar. Saldré de mi sepultura y por mi Villa iré a luchar”.
Moyano, presidenta de la Federación Popular de Mujeres de VES y teniente alcaldesa del distrito, fue la víctima más visible del ataque terrorista que querían acabar contra la organización social de Villa. Sí, este distrito sufrió los embates del terrorismo y Moyano, la madre coraje, fue ametrallada y dinamitada en febrero de 1992, cuando participaba de una pollada. La muerte de la luchadora social fue uno de los puntos que movilizaron a toda la sociedad peruana en repudio contra Sendero Luminoso.
Hoy, mirando en los albores del siglo XXI, VES tiene nuevos retos. Los microempresarios son el lado pujante del distrito, hay grupos artísticos que asumen el reto de llevar arte desde la autogestión. El distrito no se ha detenido. Sigue creciendo y retando a su histórica organización, con nuevos habitantes, nuevos asentamientos humanos, nuevos sueños por cumplir desde la arena.