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El Perú es un país de rótulos y etiquetas. Hagamos al fin alguna cosa con contenido, vale decir con espíritu.
Editorial de Amauta Nº 1
A la revista Amauta le bastó un puñado de años –cuatro– y de números –32, los tres últimos dirigidos por Ricardo Martínez de la Torre– para ser pieza clave del periodismo de ideas del sur del río Grande. ¿Qué la hizo vital?
“Partiendo de la meta de su fundador, los escritos que en principio aparecerán en ella tendrán un tinte político, pero a su vez no despreciarán las cuestiones estéticas; asimismo, la revista se caracterizará en este momento por su apertura participativa. Eso cambiará a partir de fines de la década del veinte, al definir una orientación socialista radical en sus publicaciones. Es decir, la primera se puede considerar una etapa movimentista en oposición a una segunda fase partidista”, escriben Jorgelina A. Sciorra e Ignacio R. Gálvez, de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina).
En el primer número del mensuario, publicado en Lima en setiembre de hace 90 años, José Carlos Mariátegui (1894-1930), su director y creador, fijaba el norte de la publicación:
“No hace falta declarar expresamente que Amauta no es una tribuna libre, abierta a todos los vientos del espíritu. Los que fundamos esta revista no concebimos una cultura y un arte agnósticos. Nos sentimos una fuerza beligerante, polémica. No le hacemos ninguna concesión al criterio generalmente falaz de la tolerancia de las ideas. Para nosotros hay ideas buenas e ideas malas. En el prólogo de mi libro La escena contemporánea, escribí que soy un hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología, así como todo lo que no traduce ideología alguna.”
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En el número 1946 del jirón Washington, Centro de Lima, cada esquina y azulejo recuerdan a Mariátegui, intelectual autodidacta que se encargaba de redactar y diseñar la revista Amauta y el quincenario de ocho páginas, Labor (salieron 10 números, entre noviembre de 1928 y setiembre de 1929, cerrado por el brazo largo del autócrata Leguía). Las publicaba su editorial Minerva.
Lo ayudaba su secretario, Antonio Navarro. José Carlos iniciaba la jornada en su estudio después del desayuno familiar, tras responder la correspondencia y leer los periódicos. Por las tardes, la casa se llenaba de intelectuales, artistas y sindicalistas, reunidos en torno a la imagen del intelectual moqueguano.
José Carlos, junto a intelectuales y artistas como él (fue poeta y novelista de muy joven; y el 40% de sus escritos, como dice Javier Agreda, están dedicados al arte y la literatura), fundó Amauta tras retornar de su exilio forzado por Europa. La publicación, necesaria para comprender la vanguardia y el indigenismo, fue su meta, pero primero tuvo que superar “dolorosas vicisitudes personales” para hacerlo “la voz de un movimiento y de una generación”.
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“El fundamental aporte de Mariátegui a la América Latina fue mostrar que el marxismo era aplicable, si se lo asumía creadoramente a los problemas de nuestra América”, ha dicho a la revista Vuelapluma, el ensayista cubano Roberto Fernández Retamar.
El JCM político e intelectual marxista, que organizó y fue primer secretario general del Partido Socialista del Perú, que contribuyó a organizar la Central General de Trabajadores del Perú o CGTP, deja de lado al Mariátegui periodista.
“Revisando su producción se puede constatar que virtualmente todos los libros que él concibió (los 7 Ensayos, La escena contemporánea, En defensa del marxismo) están constituidos por ensayos que, a su vez, están formados en buena medida por textos periodísticos publicados en distintas revistas y periódicos”, escribió en 2001 el historiador Nelson Manrique.
Periodista de izquierda
Amauta es, digamos, el resumen de una vida dedicada a este oficio y la reflexión desde el ensayo, su género prefirido.
A los 15 años empezó como ayudante en los talleres de La Prensa. En 1911, publicó su primer artículo. Luego vino una etapa dura de aprendizaje del oficio. Nace entonces Juan Croniqueur, con esa identidad periodística colaboró en diversas revistas. Después integraría la planta del diario El Tiempo. La crónica parlamentaria permitió al joven conocer los vericuetos de la política nacional.
La primera revista que fundó con César Falcón y Félix del Valle fue Nuestra Época (1918), donde mostraba su admiración por el triunfo de la revolución rusa. Luego siguió con su mirada crítica a la política peruana, desde el diario La Razón. De 1919 a 1923, viajó a Europa, vitales para su formación intelectual, pero, en todo momento, siguió enviando colaboraciones periodísticas al Perú.