Opinión
Era muy solicitada para cantar el himno en veladas y ceremonias patrias.
La cantante que vocalizó antes que nadie el Himno?Nacional fue?Rosa Merino, por entonces la cantatriz más?mimada de la Ciudad de los Reyes.?De?sus orígenes se sabe muy poco, apenas que nació en Lima,?mas no se conoce con precisión el año, aunque todo hace presumir que vio la primera luz en 1790.
Es a partir de 1812 que se puede seguir sus pasos. Por entonces era una joven de 22 años de edad que empezaba a destacar por la gracia con que?entonaba?las cancioncillas de moda. Ese año, el maestro Andrés?Bolognesi?–natural de Génova, músico y padre del?héroe?de Arica–, al percatarse de su bella voz, la incorporó a su compañía lírica. Allí mostró sus grandes cualidades vocales, que desarrolló, según sus biógrafos, bajo la dirección del exigente maestro italiano, “pues, en los años siguientes tuvo mejores partes y fue aplaudida por la destreza y perfección de su estilo”.
Indagando en viejos libros, papeles e internet, encontré?un dato acaso iné-dito:?Rosa Merino contrajo matrimonio mucho antes de que la fama tocara su puerta. Tenía posiblemente 16 o 17 años de edad cuando se casó con el doctor Agustín Arenas, médico cirujano español. De esa unión, en 1808 nació un hijo,?Manuel?Antonio Arenas Merino, quien?alcanzó las más altas cumbres de la política peruana: presidió los tres poderes del Estado?–el Legislativo, el Judicial (cuatro veces) y el Ejecutivo (dos veces)–; fue, además, primer ministro y ministro de Gobierno, Relaciones Exteriores, Justicia e Instrucción Pública. Nada menos.
No habían pasado dos semanas desde la proclamación de la independencia?cuando el general José de San Martín convocó a un concurso público para elegir la marcha nacional (7 de agosto). Las calificaciones se hicieron en el salón del convento de Santo Domingo el 18 de setiembre.?La elección no fue un rompecabezas.
Ni bien terminó de ejecutarse la última composición, segunda de José Bernardo Alcedo, el general José de San Martín se puso de pie y, acaso adelantándose al jurado, lleno de gozo, exclamó: “¡Sin disputa, este es el Himno Nacional del Perú!”, según cuenta el historiador Mariano Felipe Paz Soldán.
Rosa Merino contaba?31 años?de edad?cuando el músico José Bernardo Alcedo?y el poeta José de la Torre Ugarte la invitaron a cantar la marcha nacional –así se?le?denominaba?antes?de su estreno– que había sido elegida en el concurso promovido por el mismo Protector.
La histórica presentación se realizó en el Teatro Principal?–hoy Teatro Manuel Ascencio Segura– y contó con la asistencia del general San Martín, próceres de la independencia, autoridades y distinguidas familias limeñas. Se abrió el telón y,?en?medio del silencio respetuoso de la concurrencia, Rosa Merino empezó a entonar las primeras letras del himno. Ni bien terminó, el público se puso de pie para aclamarla con atronadores aplausos y vivas, mientras en el palco presidencial acaso el Libertador, para sus adentros, se felicitaba de haber sido el gran elector de la canción que el público no cesaba de aclamar.
Luego, la?prima?donna?fue invitada al sarao ofrecido en Palacio para solemnizar el juramento del estatuto provisorio. Esa noche Rosa Merino, quizá sin?soñarlo,?había llegado al cenit de su vida artística.
Por esos días, además, San Martín la distinguió como “Patriota”. En ese hado, el nombre y la fama de la diva han pasado a la historia asociada a la lucha por la independencia.
Con el paso de los años, ella continuó con su descollante carrera y, como era de prever, era muy solicitada para cantar el himno en veladas y ceremonias patrias, disfrutando del reconocimiento del pueblo peruano.
Rosa Merino emprendió el viaje eterno?el 13?de enero de 1868. Contaba a la sazón 68 años de edad. Sus restos reposan en el cementerio?Presbítero?Maestro, en un simple nicho del cuartel Santa Ana, confundidos y olvidados entre una multitud de urnas, lo que no me parece justo. Lo equitativo sería que descansara en el Panteón de los Próceres, donde?yacen?José Bernardo Alcedo?y José de la Torre Ugarte, a quienes unió en vida el Himno Nacional.
Ahora que viene el bicentenario, la ocasión resulta propicia para corregir esta injusticia.