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Fotos: Archivo Histórico del Diario Oficial El Peruano
Todos querían ‘pegarle’ al ‘Gordo’. Lo querían más que a la ‘Polla’ y el ‘Pollón’ (los premios que se disputaban por fin de año equinos y jockeys en el hipódromo de Monterrico), o los sorteos de comprobantes de pago que hacía el Banco de la Nación, pregonando la cultura de la formalidad empresarial.
El ‘Gordo’, de lejos, era el mejor regalo de Navidad. Se cantaba el mismo 24 de diciembre, como para creer que gracias al Niño Jesús uno podía tener una Nochebuena y amanecer millonario.
Tomo al vuelo diciembre de 1973. Entonces, el general Juan Velasco Alvarado decretó que los precios de los combustibles no subirían y se expropiaba la Cerro de Pasco Corporation; mientras, el holandés Johan Cruyff era declarado el futbolista del año.
Eran tiempos en que los limeños se endeudaban en las tiendas Chisa o Arpesa para adquirir un televisor, pagando la inicial en partes y el resto en cómodas cuotas mensuales. El Estado anunciaba la construcción de 5,000 viviendas en la Ciudad Satélite del Licenciado, con 150 hectáreas para tal fin en Ventanilla. Los botines ‘makarios’ eran la sensación, se inauguraba el faro de Miraflores y la gente iba a la cuadra nueve de la avenida Bolívar, en La Victoria, a gozar con golpes y máscaras de ‘Super Demon’, ‘La Momia’, ‘El Loco’, ‘Huracán Sánchez’ y los demás ‘Colosos del Catch’.
La suerte en juego
Ese 24 de diciembre, el paso del cometa Kohoutek, que volvía a cruzar el firmamento tras 2,000 años, era menos noticioso para el ciudadano de a pie, que arrugando ‘enteros’ y ‘huachitos’ de lotería no había dormido y esperaba atento con los cinco sentidos lo que ocurría en el patio del Ramo de Loterías de Lima y Callao –entonces sinónimo de “Prestigio, confianza y seguridad”–, ubicado en la segunda cuadra del jirón Puno, en el Centro Histórico.
Las tardes del 24 de diciembre se vestían de silencio mientras los canillitas –niños que se ganaban la vida vendiendo loterías y periódicos– extraían de las ánforas las bolillas con los números del ganador de la Lotería de Navidad, que el experimentado animador Nelson Arrunátegui anunciaba con el dramatismo respectivo.
Era tan importante la lotería navideña que se transmitía en directo por radio y televisión, y se eternizaba con los reflectores de los fotógrafos.
Millonarios caletas
Ese 1973, la suerte cantó las bolillas 18-26-91 y el siguiente asunto era ubicar al ganador de los 15 millones, con el cual, el número de millonarios en el Perú se engrosaba levemente. Lo que sacaba roncha era saber que llegaban los ganadores de los premios menores, pero, a los cinco días de anunciados los números, el nuevo millonario no se presentaba, ni directamente ni por medio de una agencia bancaria, como comenzó a hacerse popular por esos años para mantener el anonimato y no ser literalmente “asaltados” por periodistas, familiares y amigos de lo ajeno.
La lotería de la Navidad de 1975 se cantó ante los notarios a las 5:35 de la tarde, antes de la llegada del Niño Dios, y se pasó en directo por el canal 7, EnradPerú, hoy TV Perú. Ese año, la gente juraba no volver a meterse en el mar, espantada tras ver la cinta Tiburón; y el retablista ayacuchano Joaquín López Antay se consagraba como premio nacional de cultura ante el prurito de cierta crítica.
Los 16 millones del premio mayor fueron para el poseedor de los números 17-69-91. Se dijo que fue un abogado el que compró ese billete ganador; y el segundo premio, de 6 millones, un grupo de jóvenes trabajadores de La Victoria.
En la Navidad de 1977, el Perú estaba consternado por la muerte del expresidente Velasco. Ese mismo 24, las bolillas cantaron los números 15-16-02. Dos días después se supo que el ganador de la “suerte mayor”, de los 25 millones de soles, era V. Enrique Eslava, quien vivía en el 402 de la calle Grau de la ciudad de Cajabamba, Cajamarca. Eslava era asiduo comprador de lotería y ese año su billete se elevó entre los 140,000 números vendidos.
Los astrónomos del Hayden Planetarium dijeron que 1978, gracias a un segundo adicional, había sido el año más largo hasta la fecha. Fue también el año de los tres papas (Paulo VI falleció, se nombró a Juan Pablo I, que murió pasados los 30 días, y los obispos volvieron a Roma para elegir al polaco conocido como Juan Pablo II. La suerte del sorteo de Pascua se tradujo en las bolillas 17-73-23. Ese día, Lima tembló, pero en las calles se quería conocer al ganador de los 33 millones. Para la próxima será.
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