• DOMINGO 29
  • de marzo de 2026

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FOTOGRAFIA
DEPORTE-ESPECTÁCULO

El cuadrilátero de los rudos

jvadillo@editoraperu.com.pe

Fotos: archivo Histórico Del Diario El Peruano

“Agárrate como puedas”. Es literal, aunquecasi suena a película cómica de Tondero Films. Cachascán, un hijo fonético dela frase gringa catch-as-[catch]-can. Al respecto, dice la Real AcademiaEspañola que cachascán es como argentinos, bolivianos y peruanos llamamos aesta variedad de la lucha libre made in los Andes y sus respectivasestribaciones (porque los mexicanos siguen con eso de llamarle catch o luchalibre al espectáculo que hasta hoy, con la bendición de la Virgen de Guadalupe,sigue vigente).

Aquí, en estas páginas, las fotograíasrecuerdan cuando el cachascán o catchascán era espectáculo masivo “apto paradamas y niños”, aunque en su mayoría los asistentes eran hombres adultos, digoen el siglo XX, digo en Lima.

Competía en fama con el fútbol y el boxeo(muestra de ello es que tenía publicidad y columna exclusiva en los diarios yla radio transmitía en directo los encuentros).

El desarrollo de las temporadas, en lasque se seguía a los “invictos” –dinámica heredada por los programas concurso dela tele limeña del XXI–, se apreciaba de acuerdo con las monedas que elespectador llevaba en los bolsillos. Había desde el boleto popular o cazuela,pasando por el preferencial hasta la zona V. I. P. de aquellos años: la sillade ring numerada o ringside.

Y el espectáculo popular se apreciabamejor degustando sánguches, butifarras y algodón dulce. Las máscaras deplástico que emulaban a las de los luchadores favoritos se podían adquirir encualquier mercado de barrio.

Buenos y malos

Era espectáculo-deporte semanal vital parala masa y su argumento era sencillo: el bien luchaba contra el mal; condiferencias igual de básicas: los buenos eran los “técnicos”, que respetabanlos reglamentos de la lucha libre. Los malos, en cambio, eran reyes de lastrampas: hacían sus propios códigos y se ganaban las rechilas del público. Eseera el guion exitoso.

Más espectáculo, al in y al cabo, losgolpes de esos –en su mayoría– corpulentos y ágiles, hombres y mujeres, eranpantomimas montadas para el aplauso de la multitud.

Ergo, se podía apreciar, desde la placidezde la silla de madera las “luchas de mujeres”, que no eran una apología a laviolencia de género, sino un divertimento. Por ejemplo, cuando ‘La Arequipeña’juraba venganza y contrasueleaba a la escultural ‘La Mora’, y la ‘Pantera’hacía lo propio con ‘Lily’, era simple y puro show business de la categoría APT(apta para todos).

Bellos y malditos

Porque se reconoce que había escasarelación entre la lucha grecorromana y esta derivación libertina de gladiadorescuya arena era el ring, en el cual la máscara jugaba un rol importante, aligual que sus nombres (‘Picapiedra’, ‘El Yanqui’, ‘Loco Cardenal’, ‘Rasputín’).El cachascán se asociaba bien a palabras como juventud, fortaleza, belleza yhermosura, aunque el reto de los luchadores excelentes era luchar contramonstruosos enmascarados que saltaban a escena, causándole un dolor en el pechoal espectador desprevenido de tanta carencia de lo bonito.

Hay nombres imborrables de los “equipossanguinarios”: ‘La Hiena’, ‘Amenaza’, ‘La Momia’, ‘Búfalo’, ‘El Toro’, ‘PirataNegro’. Los buenos igual se prestaban los seudónimos del imaginario popular:‘El Yanki’, ‘Sandokán’, ‘Robin Hood’, ‘El Greco’, ‘El Zorro”. Y tal vez elmejor resumen de la frase sea ese dúo de titanes que se llamó en los setenta‘La Bella’ y ‘La Bestia’, en versión nacional.

Escenarios y momentos

Masivo al in y al cabo, el cachascán teníaaltares, cuadriláteros en los que se apreciaba mejor a los team-match, que encada round se jugaban el honor del equipo y el particular.

El Luna Park de Lima, en la sexta cuadrade la avenida Colonial, por ejemplo, fue el adoratorio dominguero para losprogramas de primero o de segundo abono, en horario vermú.

Por aquí llegaban las estrellas de lalucha libre, como el ‘Apolo Chileno’ que camino a Estados Unidos, o los quevenían del norte, en gira sudamericana por pueblos y ciudades –‘Mr. Tormenta’,‘Mongol’, ‘Indio Azteca’– para demostrar lo que sabían en el ring.

Nuestro Luna Park limeño compitió en famacon el Veló- dromo del Puente del Ejército, el coliseo El Porvenir, de LaVictoria, y el coliseo Nacional, de la avenida Aviación. Mas otro escenario enel que se consagró este espectáculo fue el coliseo Amauta, de Breña, bastión,los jueves por la noche, de los mejores cachascanistas en los setenta.

Casi famosos

Porque usted sabrá que el Perú tambiéntuvo estrellas del cuadrilátero de vermú. La fama de ‘El Chiclayano’ (GustavoSeclén Menchola) traspasó las fronteras en las décadas del cuarenta y delcincuenta, y su talento gozó de aplausos hasta en Cuba y México. Dicen queentre sus siete mil combates, los más memorables fueron los duelos con elcubano ‘Red Diablo’. Luego se hizo actor y compositor. Se retiró en Venezuela.

En el ámbito local, el cajamarquino conocidocomo ‘El Vikingo’, uno de los peores “malos del catch”, fue odiado por lasmultitudes por crear su propia ‘llave vikinga’, y por su sintonizada peleacontra el cómico Hugo Muñoz de Baratta (‘Mon Cheri’), cuando ni el árbitro ‘KidColoma’ pudo hacer algo para evitar la semejante paliza que recibió el actor.

Los escolares en edad de los mocos tomabanlos patios del colegio emulando las llaves de estas estrellas enmascaradas: la“doble Nelson”, el “avión”, “el candado” o “la tijera voladora” y otras acrobacias.

La fanfarria del cachascán tuvo eco en latelevisión monocromática peruana: Los Colosos del Catch (1972- 1973) es piezade estudio, su rating era envidiado por los nuevaoleros de las matinales y lastelelloronas de la época. Tenía su propia canción, y en los telenoticieros seincluían noticias (armadas claro está) sobre estos personajes y susentrenamientos.

Todos citan como nombre clave de estenegocio en Lima al empresario Max Aguirre. Sus dos hijos también se subían alcuadrilátero a dar y recibir golpes de salva. Él logró que estedeporte-espectáculo, presente en la capital desde inicios del siglo XX, semasiicara. Fue uno de los creadores del famoso duelo entre ‘El Vikingo’ y ‘MonCheri’, que consiguió los mayores niveles de audiencia de la televisión deentonces. Pero, paradójicamente, tras él, también el espectáculo dejó derecibir tanto interés de la televisión, debido a presiones políticas. Fin deuna época.

 

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