Opinión
Periodista
Toribio Pacheco de Rivero nació en Arequipa, el 17 de abril de 1828. Hijo de Toribio Fernando Pacheco, natural de Lampa, Puno, y de doña Manuela de Rivero y Ustáriz, arequipeña, hizo sus estudios de primaria en el Colegio de la Independencia Americana de Arequipa y los concluyó en el Colegio Nacional de San Carlos de Puno.
Terminando la secundaria, viajó a Lima para estudiar en el celebérrimo Convictorio de San Carlos (1843), donde pronto destacó como alumno de singulares dotes. Sus padres, al advertir su talento y disposición para el estudio, lo enviaron a Europa en 1947. Se estableció entonces, primero, en Alemania, luego en Inglaterra y más tarde en Francia, en plena convulsión parisina. En la Ciudad Luz concurrió a los cursos de la Sorbona, pero los tumultuosos acontecimientos lo obligaron a mudarse a Bruselas, en cuya universidad se recibió de doctor en Ciencias Políticas y Administrativas (1852). Este viaje le sirvió para resolver muchas dudas y enriquecer sus conocimientos.
De vuelta al Perú fue nombrado director del Colegio de la Independencia Americana, en el que había aprendido las primeras letras. Al año siguiente, optó el doctorado en Leyes en la Universidad de San Agustín de Arequipa.
Más tarde, en 1954, se estableció nuevamente en Lima y se inscribió en el Colegio de Abogados, donde pudo cumplir un viejo sueño: entregarse a su otra vocación, el periodismo. Allí ejerció el cargo de jefe de redacción del diario El Heraldo, desde cuyas columnas combatió al gobierno del general Ramón Castilla, quien acababa de derrocar –después de casi un año de lucha– al presidente Echenique. Y en ese azar, de vuelta en Arequipa, secundó la revolución liderada por el general Manuel Ignacio Vivanco en calidad de oficial mayor de su gabinete, que se instauró en la Ciudad Blanca el 1 de noviembre de 1856 y se mantuvo hasta el 17 de marzo de 1858.
Restablecido el orden constitucional, Pacheco volvió a ejercer su profesión de abogado en Arequipa y Lima, aunque sin abandonar el periodismo. En esa suerte laboró en la redacción del diario La Bolsa (Arequipa) –del que años más tarde Clorinda Matto de Turner fue jefa de redacción– y La Gaceta Judicial (Lima).
En 1864, el general Juan Antonio Pezet lo nombró ministro de Relaciones Exteriores, y en calidad de tal rechazó la violenta aparición de la Escuadra Española del Pacífico en nuestras aguas territoriales. Llamado nuevamente para el cargo, esta vez bajo la dictadura del general Prado, Pacheco puso en evidencia sus grandes cualidades de diplomático: desconoció el tratado Vivanco-Pareja e ideó la creación de la alianza de los países sudamericanos del Pacífico para enfrentar la intromisión española. En ese trance, fue uno de los integrantes del histórico “Gabinete de Talentos”, que encabezó José Gálvez, el héroe del combate del Dos de Mayo.
En el plano internacional, cumplió un gran papel en la guerra de la Triple Alianza que enfrentó a Paraguay contra Brasil, Argentina y Uruguay (1864-1870). Intervino entonces en defensa de la soberanía del pueblo guaraní y, aún más, consideró esta guerra injustificada.
Gesto que el Gobierno de Paraguay retribuyó en agosto del 2014, al conmemorarse el sesquicentenario del hecho, cuando envió una delegación encabezada por su ministro de Defensa para tributarle un homenaje en la casa donde había nacido el ilustre diplomático (hoy es del diario El Pueblo).
En Asunción, la capital de Paraguay, una gran avenida lleva su nombre, “que perdura sus afanes y la gratitud de un pueblo que sirvió como causa justa y necesaria”.
Toribio Pacheco dedicó su vida fundamentalmente al Derecho. En este campo brilló como uno de los grandes jurisconsultos peruanos del siglo XIX. Dejó como aportes invalorables un Tratado de derecho civil (de dos volúmenes) y Cuestiones constitucionales, reeditado en la revista Ius et Praxis en 1989.
A la muerte del ilustre jurista, El Comercio publicó, el 15 de mayo de 1868, un artículo necrológico en el que se leía: “Toribio Pacheco fue grande en virtud, en talento, en ciencia, y más grande todavía en patriotismo”. Nada más exacto.