• MARTES 19
  • de mayo de 2026

Opinión

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La pobreza en Huancavelica

La región está llena de obras ornamentales, pero faltan las obras productivas para el desarrollo.

Congresista por Huancavelica de Fuerza Popular

Lamentablemente, de ese sueño se han valido las autoridades regionales y municipales para prometernos ese desarrollo y sacarnos de la pobreza mediante obras y más obras, pero pasan su gestión quejándose de la pobreza que heredaron, sin darse cuenta de que su falta de planes y prioridades ayudan a alargar la presencia de ese mal.

No es casualidad que en el estudio Evolución de la Pobreza Monetaria en el Perú, 2016, presentado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú – INEI, se consigne como las regiones más pobres a Cajamarca y Huancavelica, con índices de pobreza en un ranking de entre 43.8% y 50.9% de pobres, y lamentablemente a ambas regiones nos une episodios oscuros de corrupción.

Pero revisando las posibilidades de ambas regiones, realmente podemos decir que son pobres, si en casi todas sus localidades hay obras faraónicas y muy visibles, como plazas, plazoletas, arcos de ingreso, polideportivos, pistas y veredas, y no es que estemos en contra del ornato público, pero si queremos salir de la pobreza debemos priorizar las obras que son productivas, y que van a dinamizar las principales actividades de la región.

Por ejemplo, para el caso de Huancavelica, el mismo estudio del INEI señala que la mayoría de la población pobre se dedica a la agricultura, pero las obras destinadas a mejorar la infraestructura agrícola y ganadera son muy pocas, y las que existen están abandonadas.

Es el caso de los proyectos ‘Represamiento de agua para productores en el Paraje Mayaynioc’, en Huando; ‘Mejoramiento de Infraestructura de Riego y Equipamiento Agrícola’, en 22 localidades de la margen izquierda del río Ichu, en Acoria; Ampliación y Mejoramiento del Sistema de Riego por Aspersión’ en las comunidades campesinas de Los Ángeles y Ccosnipuquio, también en Acoria.

Tema aparte son las obras de saneamiento mal hechas, como la ejecutada en el distrito de Izcuchaca, a cargo del gobierno regional de Huancavelica y con un presupuesto de 9 millones de soles, que colapsó por deficiencias en la construcción y diseño, poniendo en riesgo la salud de la población.

Tenemos que revelarnos contra el uso de la pobreza como herramienta política para conseguir votos, pero no para realizar las obras que la región necesita, sino monumentos que solo sirven para perennizar el nombre del caudillo; sublevarnos contra los presupuestos para obras ornamentales, pero que no impulsan el desarrollo ni la economía.

Como congresista de Huancavelica, tenemos que exigir a las autoridades locales y regionales de ese departamento que dejen de pensar solo en obras de ladrillo y cemento, sino en aquellas que beneficien directamente al ciudadano, que garanticen la seguridad alimentaria e impulsen la economía de esa hermosa tierra.