• MIÉRCOLES 18
  • de marzo de 2026

Central

FOTOGRAFIA
Imágenes en el tiempo

La Oroya: ciudad de paso

1. Hay ciudades que en un determinado momento ebullicionan en las páginas de la historia. 

Si bien los conquistadores españoles la habían bautizado como San Jerónimo de Callapampa en 1681, y era parada obligatoria; y en 1896 sería rebautizada como Villa de La Oroya, la fama de esta urbe de la región Junín tiene fecha de inicio más cercana, cuando en 1922 la Cerro de Pasco Cooper Corporation comenzó sus actividades como centro metalúrgico.

Desde entonces, la historia de esta urbe, a 176 kilómetros de Lima, no puede contarse sin esta actividad de explotación minera; el río Mantaro y sus cerros aledaños y lampiños fueron testigos.

Así –a inicios del siglo pasado– los primeros obreros llegaron a La Oroya. Primero, lo hicieron solos; luego, trajeron/hicieron familias a 3,750 metros sobre el nivel del mar.

Y la ciudad comenzó a tejer su arquitectura: los barrios obreros juntitos a los centros industriales, cerca también de los hoteles para empleados y altos funcionarios de la Cerro de Pasco; y la propia infraestructura de la empresa.

Nació la avenida José Carlos Mariátegui, en la hoy denominada “La Oroya Antigua”. La iglesia Inmaculada Concepción como faro de su fe. La calle Lima como cordón umbilical de la ciudad. El histórico local del Sindicato de Trabajadores de La Oroya, la breve plaza Libertad, el complejo de viviendas Marcavalle, el Canta Gallo, el campamento Raywal, colegios como el José María Arguedas, el José Carlos Mariátegui o el Amalia Espinoza, su estadio municipal, el hospital de Essalud, sus barrios, como Canta Gallo.

Y por años, las dos chimeneas de la refinería definieron el paisaje de la ciudad hasta inicios de la década pasada, cuando solo quedó en pie una de esas chimeneas. Empezaron otros tiempos para la ciudad.

Porque en La Oroya la Cooper creó, en los años 40, el complejo metalúrgico para refinar el material extraído de sus centros mineros de la sierra central. Vino la época de oro de la urbe y se ganó el título de “Capital Metalúrgica del Perú y Sudamérica”.

2. Tren y urbe también se dieron la mano en esta historia oroyina. El ferrocarril trajo a finales del XIX los vagones del progreso. La ciudad altoandina fue punto en el camino entre Lima y Chicla. El ferrocarril permitió darle otra proyección a la explotación de los asentamientos mineros de Cerro de Pasco, Morococha, Yauli y otros.

Fue por esos años, albores del 1900, que La Oroya empezó a recibir a los primeros extranjeros, lo que impactó en las costumbres de esta ciudad (se cuenta que esta zona fue la primera que importó truchas en el Perú, hoy populares en los Andes del país).

3. Cuando la carretera Central baja de Ticlio, se bifurca cerca del centro de La Oroya. Un letrero indica que hacia la izquierda se va hacia Tarma y de frente se continúa hacia Huancayo.

Ahí se encuentran, cada minuto, buses interprovinciales y camiones que parten de la selva central hacia la capital y viceversa, y aquellos que hacen la ruta que lleva al valle del Mantaro y Huancavelica.

4. Hacia 1974, el Estado, entonces bajo el régimen de las Fuerzas Armadas, expropió la Cooper y la Empresa Minera del Centro (Centromin Perú). Dos décadas más tarde, en 1997, el gobierno las vendió a la empresa de capitales estadounidenses Doe Run Perú, que operó hasta 2012, y desde entonces está en proceso de liquidación.

El Estado de aquel entonces legó a los privados un pasivo ambiental gigantesco: un informe de 2006 la situaba entre las 10 ciudades más contaminadas del planeta, debido a los porcentajes de plomo, arsénico y cadmio que se detectaron en la sangre de sus pobladores y a los residuos de los metales pesados en el agua.

En los actos por el 75º aniversario, el alcalde provincial Carlos Arredondo ha pedido “fe y esperanza” a los oroyinos para esperar el resurgimiento de su complejo metalúrgico. Se publicó recientemente la Ley Nº 30568, que declara “de necesidad pública” la creación una nueva autopista Central, que partirá de Cieneguilla-Huaycán y llegará hasta La Oroya. Esta ciudad siempre será un punto de tránsito del país. (José Vadillo Vila)