• VIERNES 15
  • de mayo de 2026

Editorial

FOTOGRAFIA

Una política para las fronteras

Los problemas del centralismo limeño, que aún nos embargan, son producto de la herencia administrativa colonial que se instaló en la ciudad por 278 años. El Virreinato tenía la necesidad de preservar un sistema administrativo que concentrara los mayores recursos económicos, administrativos y militares para gestionar un territorio de un millón 731,900 kilómetros cuadrados.

Salvo en algunas ocasiones, como la política del expresidente Fernando Belaunde de poblar y “conquistar” la Selva para integrarla al resto del país, los esfuerzos de los gobiernos han sido fragmentados, frágiles y sin posibilidades de ser sostenibles.

La nueva propuesta elaborada por la Cancillería ofrece dos virtudes. En primer lugar, se reconoce que es el primer intento de elaborar una política nacional integral con sustentación técnica, que supere los esfuerzos parciales de los anteriores gobiernos. El apoyo técnico está a cargo del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan).

El problema es complejo, como asegura Del Campo, ya que las fronteras del Perú con los países vecinos no solo son extensas (7,030 kilómetros lineales), sino que también cuentan con una geografía y densidad poblacional diversa.

Dos ejemplos extremos son las zonas limítrofes de Tacna con Chile y las cuencas de los ríos Putumayo y Amazonas. En el primer caso, como lo revela Del Campo, cada año se registra el ingreso de más de 6 millones 200,000 ciudadanos chilenos por Tacna con el fin de acceder a servicios en la Ciudad Heroica o, simplemente, de adquirir productos para consumo familiar.

El dinamismo de la frontera con Chile es corroborado por la información del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), que sostiene que los chilenos son los extranjeros que más han llegado al Perú, la mayoría por el Puesto de Control Fronterizo Santa Rosa, en Tacna.

En el segundo caso, las cuencas de los ríos Putumayo y Amazonas se encuentran abandonadas y su población está muy dispersa, lo cual dificulta la llegada de los servicios del Estado.

Una segunda novedad que se debe destacar es que la elaboración de la política fronteriza no se realiza desde Lima, sino que se busca una visión integral de la problemática bajo la experiencia de los funcionarios regionales y municipales. Posteriormente, esta visión territorial se sintetizará con la del Ejecutivo en una política nacional.

La elaboración de la política nacional fronteriza está garantizada por el aporte descentralizado de autoridades de las zonas remotas, con lo cual se rompe la tradicional visión centralista limeña.