• MIÉRCOLES 6
  • de mayo de 2026

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Domingo Elías

Domingo Tamariz

Periodista

Domingo Elías Carbajo nació en Ica el 5 de diciembre de 1805. Fueron sus padres el funcionario español Raymundo de la Quintana y doña Manuela Carbajo Galagarza. Hizo sus primeros estudios bajo la orientación de un tutor particular, y luego pasó al colegio San Carlos. A los 13 años viajó a Madrid y a París para completar su educación.

Retornó en 1825 para consagrarse a la agricultura, donde, por su talento y espíritu innovador, alcanzó un éxito resonante. Cultivó algodón y vid en gran escala, produjo aguardiente en lugar de vinos y fue el primero en emplear culíes chinos en el país.

Por esos años, junto con el español Nicolás Rodrigo, fundó el colegio Guadalupe, que en pocos años se convertiría en el más afamado del país.

En 1843 incursionó en la política, y al poco tiempo el general Manuel Ignacio Vivanco lo nombró prefecto de Lima, antes de que partiera al sur para combatir contra el general Ramón Castilla, que se había levantado contra su gobierno de facto.

Eran los años de la anarquía militar, época en la que se disputaba el poder a punta de mandobles. Elías pensó entonces que había llegado la hora de decirle alto a tantos desórdenes, y, sorprendiendo a todo el país, se declaró jefe supremo y evitó que Echenique tomara la capital. Corrían los días que los historiadores llaman “la Semana Magna”.

Y así, sin nadie que le saliera al paso, se instaló en el viejo Palacio de Pizarro, dejando sin piso a Vivanco. El suyo fue el primer pronunciamiento protagonizado por un civil en la historia de la República.

En ese azar, decretó la amnistía de todos los presos políticos. Su popularidad iba en aumento, pero al derrotar Castilla a Vivanco, entregó el mando al vicepresidente del Consejo de Estado; y en ese intervalo fungió de ministro de Guerra y Hacienda.

En los comicios de 1845 fue elegido diputado por Ica y consejero de Estado. Como parlamentario inspiró el primer presupuesto de la República. En 1847, el presidente Castilla lo nombró ministro plenipotenciario en Bolivia, donde negoció un tratado de paz y comercio.

Pero la mira de Elías era ganar la presidencia de la República por medio de los votos. Para ello fundó, con un grupo de amigos, el Club Progresista, que en la práctica fue el primer partido organizado que intentó alcanzar el poder político en el Perú republicano. El movimiento proponía un liberalismo modernizante. En su ideario era imprescindible el desarrollo económico. Aparte de defender el gobierno de los civiles, alentaba la inmigración europea, el libre comercio, el fomento a la inversión privada, la austeridad fiscal. Lo malo era que en sus postulados se marginaba al poblador nativo.

En ese ímpetu, lanzaron el semanario El Progreso para que apoyara su campaña electoral. Se convirtió así en el primer candidato civil a la presidencia. Pero los hados no lo acompañaron en la contienda electoral que ganó Rufino Echenique, su viejo enemigo.

Lejos del poder, tomó el camino de la oposición. Son memorables sus cartas abiertas al presidente Echenique en las que señala, principalmente, los despilfarros y la corrupción de la consolidación de la deuda interna, lo que le valió la cárcel y el destierro a Guayaquil (1853).

Dos meses después volvió clandestinamente al país. Entró por Tumbes e inició una revolución que no prosperó. Se trasladó a Ica para renovarla y fue derrotado en Saraja (1854). Huyó a Chile, pero, empeñoso como era, apareció en Moquegua para colaborar con la revolución que había iniciado Castilla.

En 1856, este lo nombró ministro plenipotenciario en Francia. Regresó, al ser postulada su candidatura a la presidencia de la República (1958), pero su popularidad había descendido abismalmente. Logró apenas un millar de votos. Volvió entonces a su tierra natal, a la rutina de la agricultura y el comercio, pero ya enfermo. Fue así hasta que lo abrazó la muerte una mañana del 3 de diciembre de 1867, a los 62 años.