• MIÉRCOLES 10
  • de junio de 2026

Opinión

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ENFOQUE

El triángulo dramático

Manuel Arboccó

Psicoterapeuta–Profesor Universitario

Un juego psicológico, para Berne, es una relación inauténtica entre dos o más personas donde uno pone una “trampa” (para buscar que el otro enganche y acepte jugar), luego hay un desarrollo generalmente con tensión, experimentamos emociones falsas y negativas (cólera, vergüenza, miedo), seguido de un fin previsible para terminar en un desenlace que puede ser una simple indirecta verbal o hasta una pelea que termine en la comisaría, en el hospital o en los tribunales. Los juegos suelen ser repetitivos, de ahí que haya gente que dice “ya me cansé de jugar” (como si lo intuyera) y pueden llegar a convertirse en crónicos si tenemos un “partner” con quien “jugar”.

Los tres elementos del triángulo dramático de Karpman son: la víctima (alguien a quien le va mal, tiene problemas con las deudas, con el alcohol o con la “mala suerte”), el victimario (perseguidor o agresor, el que suele violentar, el “malo” o “mala” de la historia, el acosador, el que cobra las deudas que no podemos pagar) y, finalmente, el salvador (el que ayuda por enésima vez, el que consuela, el superhéroe que nos salva otra vez de la caída).

Para jugar, cada quien debe elegir su rol, muchas veces son papeles que venimos practicando desde chicos, pues calzamos bien en el papel de perseguidor, salvador o víctima, papeles que empezamos a jugar de chicos con papá, mamá y otros familiares. Los psicólogos, sin embargo, hemos notado que hay triángulos humanos (se ve también en relaciones de pareja) en los que estos roles son intercambiables. Así, por poner un ejemplo de la vida cotidiana, una mujer puede ser perseguidora al gritar y maltratar a su pareja, pero este luego de regresar de tomar, y presa del alcohol, la ofende y ahora él la maltrata (ahora ella es la víctima). Al día siguiente, quizá ella, por alguna extraña culpa aparecida –o miedo–, lo ayuda a enfrentar la resaca y le prepara un caldo para restaurar ese cuerpo intoxicado por el licor y lo perdona por los insultos recibidos (ahora es la salvadora). Fíjense cómo este triángulo puede darse en el hogar, en la escuela o en una empresa. Atentos, estas “transacciones” –en el lenguaje del análisis transaccional– suelen ser progresivas y hacerse crónicas. La idea es ser consciente de nuestros “juegos neuróticos” y de preferencia no jugar.