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Raúl Borda
rborda@editoraperu.com.pe
Hace cien años se creó el Museo de Historia Natural de la Universidad de San Marcos, exactamente en febrero de 1918, y desde ese entonces los peruanos tenemos la posibilidad de transportarnos a una etapa de nuestra historia que pocos conocemos, cuando nuestro territorio era habitado por grandes criaturas, antes de la aparición del hombre.
Basta con ir hasta la cuadra 12 de la avenida Arenales, su sede institucional, para apreciar lo más importante de la flora y fauna de esos tiempos, desde dinosaurios de tamaño real, el enigmático piroterio de Bagua, de cuatro metros de longitud; el oso andino, el pez sol; aves como el colibrí o el gallito de las rocas, además de un herbario con miles de variedades de la flora peruana en su estado original.
Historia
El impulsor de este magnífico reino de la naturaleza fue Carlos Rospigliosi Vigil, catedrático principal de Zoología de la Decana de América, quien en 1915, desde la Dirección del Gabinete de Historia Natural de la Facultad de Ciencias, lanzó la iniciativa de fundar un museo científico que albergue importantes muestras de las tres regiones naturales del Perú.
En mérito a la brillante propuesta del doctor Rospigliosi, el 28 de febrero de 1918, la Facultad de Ciencias, en sesión presidida por el doctor Enrique Guzmán y Valle, decidió crear el Museo de Historia Natural y lo nombró su primer director. Por ese entonces, el rector era el ilustre académico Javier Prado y Ugarteche.
Según la investigadora Irma Franke, al momento de fundarse el museo ya se tenía planeada la primera expedición científica, que contó con el apoyo del presidente de la República, Jose Pardo y Barreda, y que se realizaría dos meses después.
La expedición partió el 14 de abril de 1918. Ya sea en tren, a caballo, en canoa o a pie, los 30 expedicionarios liderados por Rospigliosi recorrieron los departamentos de Junín y Pasco, con el objetivo de recolectar las primeras colecciones científicas.
El tesoro natural recolectado fue exhibido en cuatro salas de los altos de la Facultad de Letras de la Casona de San Marcos. Un taxidermista y los jefes de las secciones de Zoología, Botánica y Mineralogía constituían el primer personal científico del naciente museo.
Ya para 1920 las colecciones del museo se incrementaron con la obra del sabio Antonio Raimondi, un valioso herbario y una admirable colección de minerales recolectados en sus esforzadas excursiones por todo el país.
La revista Variedades, en su edición del 21 de enero de 1922, resaltó que el museo ya contaba con más de 50,000 especímenes recogidos en las expediciones de 1918 y 1920.
“El museo, que cada día adquiere amplitud y riqueza mediante la activa búsqueda y el intenso intercambio de especies que está realizando el doctor Rospigliosi, tiene la particularidad de ser eminentemente nacional, pues reúne muestras de productos peruanos. Son especialmente notables las colecciones de aves, insectos y de minerales”, añadía la revista.
Nueva sede
Según los planos del arquitecto Enrique Rivero y con el empeño de Carlos Rospigliosi, para entonces presidente del Consejo de Administración de la UNMSM, en 1935 se da inicio a la construcción de la actual sede del museo en la avenida Arenales. En diciembre de 1936, todas las colecciones ya habían sido trasladadas al nuevo local.
En octubre de 1939, con Carlos Morales Macedo en la dirección, el museo sanmarquino tomó el nombre de Javier Prado y fue motivo de un amplio reportaje en el diario La Crónica, que resaltó las secciones de Entomología y las amplias salas de mamíferos, reptiles y mineralogía. Algunas colecciones embalsamadas eran expuestas en un ambiente natural, que le daban al público una visión más objetiva y realista.
El conservador del museo era César A. Ridoutt, quien también tuvo a su cargo la imprenta y la edición del Boletín del Museo de Historia Natural Javier Prado, pionera entre las publicaciones científicas en el país.
Investigadores
A través de los años, y a pesar del escaso presupuesto, destacados investigadores contribuyeron con el museo enriqueciendo sus colecciones y publicando sus investigaciones.
A inicios de la década de 1950, el biólogo Javier de la Puente crea la colección ornitológica, separándola de la colección de zoología. Por sus méritos, fue designado jefe de la sección aves y mamíferos, que acrecentó en pocos años.
Luego, la renombrada ornitóloga alemana María Koepcke se dedica a trabajar arduamente en el campo y la colección, registrando de manera gráfica y sistemática las aves del Perú. Desde 1950, fue docente e investigadora de San Marcos, al tiempo que empezó a trabajar en el museo.
Su aporte a la ornitología es uno de los más valiosos de nuestro acervo científico, y quedó plasmado en sus obras Las aves del departamento de Lima, El gorrión europeo en el Perú y Las aves silvestres de importancia económica del Perú.
En 1955, los medios destacan el notable incremento de la colección de mineralogía, la importancia del departamento de Geología y el armónico plan de estudio en todo el territorio nacional, empleándose técnicas modernas de recolección de especies, estudios geológicos y observaciones climáticas combinadas con estudios de orden económico y sociológico. Todo ello bajo dirección del ingeniero Bernardo Boit, quien dirigió el museo hasta 1961.
Todos los minerales del Perú, las plantas y los animales que habitan o habitaron en sus valles costeños, en su difícil cordillera, en la extensa selva o en su pacífico mar, tienen representación en las salas del Museo de Historia Natural.
Gracias a estos notables pioneros, y todos lo que siguieron la misma senda, es que ahora Lima cuenta con un verdadero centro de documentación de la biodiversidad, que todo peruano debe visitar.
El dato
13 salas de exposición tiene el museo y en junio se abrirá la número 14.