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José Vadillo Vila
jvadillo@editoraperu.com.pe
“No se haga de rogar, patita, y bájese otro pomo”. Se fue El Carreta Jorge Pérez, caray. La Asociación Peruana de Autores y Compositores (Apdayc) destaca que “personificó el humor en un tiempo que no era muy frecuente en el vals”.
Con voz de barítono, El Carreta forja un estilo que inyecta lozanía a los valses de la Guardia Vieja, tipo “La reina de España”. Lucho Garland le hacía la segunda voz y llevaba la primera guitarra en Los Troveros Criollos. Eran tiempos cuando las figuras se forjaban en la radio y el dúo ganó, entre 400 participantes, un concurso de radio América.
Artista a la vista, carreta
Jorge Nicolás Pérez López nace en Huaraz (Áncash), pero crece en el Rímac en los tiempos que las jaranas duraban en Lima tres días, entre víspera, santo y corcova. Tocaba la guitarra, cantaba y estudiaba contabilidad comercial. Gana un puesto en un banco local, donde conoce a Luis Garland. Hay química musical y rápidamente se convierten en los más solicitados para las jaranas. Su primer nombre es Los Trovadores Bancarios, lógicamente.
Etapa de trovero
El primero que le presta oído al dúo jaranero es el compositor Mario Cavagnaro, quien por entonces hacía en exclusiva boleros, y les escribe ese vals destinado para la inmortalidad, “Yo la quería, patita”.
De esa primera camada de canciones con replana del arequipeño figuran el elocuente “El fantasma de mi suegra”, la polca “Hasta la remaceta”. Y “Carretas, aquí es el tono”, de donde le viene el sobrenombre a la primera voz.
Tal es el éxito de “Yo la quería, patita”, que Cavagnaro compone una segunda y tercera parte, “Cántame ese vals, patita” y “Te han visto por Orrantia”.
Los conocedores dicen que esa jerigonza la tomó con buen oído Cavagnaro de Última hora, el principal diario de aquel Perú.
Los Trovadores Criollos adoptan como propio aquella locura que se revela a las leyes de la historia, “La jarana de Colón”, que compone un jovencísimo Augusto Polo Campos. Este creador será vital en la carrera del Carreta, pues de su autoría graban el vals “Ay, Raquel”. Luego interpretan “Qué le digo a mi mujer”, de los hermanos Díaz Barraza, que jala las orejas a los apostadores.
Estilo único
Las creaciones de Cavagnaro y Polo Campos le consolidan un estilo al Carreta: el valse criollo hacía crítica social con humor. Para muestra el valse de Serafina Quinteras, “Parlamanías”, tan fresquísimo.
El Carreta se independiza de Garland y forma su agrupación con Rafael Matallana en la segunda voz, y Jorge Malborg en la guitarra líder (Garland continuaría dirigiendo el conjunto –en formatos de dúo y trío– hasta 1990).
El Carreta ya es solista y lo sustenta el vals “El cholo Simón”, en que critica a los provincianos que se olvidan de sus orígenes. O “Qué tráfico, compadre”, polca que coescribe con Jorge Álvarez.
En esta etapa, en 1955, filma en el Paseo de Aguas del Rímac un cortometraje de “Yo la quería, patita”, con la producción de Salvador Akoskin. El video es rescatado del olvido en el 2013.
También es conocido en todo el Callao porque graba la emblemática versión de “Vamos Boys”, dedicada al equipo rosado. Y registra “Furia Chalaco”, para el Atlético Chalaco.
TV, OEA, ONU
Luego, junto a Tania Libertad, es uno de los presentadores que identifican al recordado programa Danzas y canciones del Perú (Panamericana Televisión), en los años 70 y 80.
En noviembre de 1986 ofrece una conferencia y recital para la asociación de Personal de la Organización de Estados Americanos (OEA) y recibe el título de “Embajador Musical del Perú”.
Al año siguiente, es invitado por el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Javier Pérez de Cuéllar, para ofrecer un concierto en que, por medio de 40 valses, cuenta la historia de este género en el Perú.
En 1997 debuta en CD, grabando Al fondo hay sitio, con 14 canciones de Polo Campos y Mario Cavagnaro. En el 2001 celebra sus bodas de oro y publica el CD Las profecías de Nosfregamos, con su estilo inconfundible: es decir, con replana y alegría.