Opinión
José Vargas Sifuentes
Periodista
Teniendo en cuenta que humanos y macacos pertenecemos al orden de los primates, la nueva clonación ha suscitado controversia, aunque sus autores afirmen que usan la técnica para la investigación biomédica, sin intención de clonar humanos.
En diciembre de 1998, la Licensing authority de Gran Bretaña aprobó investigar la producción de células y tejidos por clonación de embriones humanos para su empleo en medicina experimental y clínica, en la línea de trasplantes terapéuticos.
El Centro de Bioética de la Universidad Católica del Sagrado Corazón (Milán, Italia) dio la voz de alerta: la producción de células y tejidos clonados implicaba generar embriones humanos, en la fase de blastocitos, para usar sus células y destruirlos.
La Iglesia católica considera como un nuevo ser con todos sus derechos la unión de un óvulo con un espermatozoide. Lo que se pretendía hacer en laboratorio, con fines ‘terapéuticos’, era manipular a un ser humano en su primera fase vital y obtener material biológico para experimentar nuevas terapias.
De acuerdo con L’Osserva–tore Romano, lo que la industria biotecnológica pretendía era “una auténtica clonación de individuos humanos”.
No se trataba de reproducir células idénticas entre sí partiendo de una progenitora; ni de producir in vitro tejidos destinados a implantar, por ejemplo, tejido cutáneo, óseo o cartilaginoso. En esos casos, no habría objeciones éticas para admitir su licitud.
Se trataba de producir células y tejidos a partir de embriones humanos clonados, es decir, interrumpir su desarrollo y convertirlo en fuente de material biológico, para reparar tejidos u órganos degenerados en un adulto.
Significaba matar a un humano, para salvar la vida (o curar enfermedades) de otro, cambiando el significado de la reproducción con fines experimentales y comerciales.
Además, alteraría la figura del progenitor, reduciéndolo a prestador de material biológico, y engendrar un hijo-gemelo como suministrador de órganos y tejidos de recambio. Una auténtica discriminación entre los humanos según el tiempo de su desarrollo (un embrión vale menos que un feto, un feto menos que un niño), y negaría al nuevo ser sus derechos humanos inherentes.
La ciencia puede encontrar formas de terapia para enfermedades de base genética o degenerativa, mediante otros métodos, como utilizar células tomadas de la sangre materna o de abortos espontáneos; o extraídas del hígado, de la médula ósea del feto o de la sangre del cordón umbilical al momento del parto. Aunque no sean tan valiosas como las de un embrión. ¿Por qué no?