Central
José Vadillo Vila
jvadillo@editoraperu.com.pe
Cada domingo a las cinco –parafraseando a Augusto Polo Campos–, el pueblo de Sarhua se materializa en la explanada del Lugar de la Memoria (LUM), pegadito a la Costa Verde miraflorina, con sus cantos, sus guitarras, sus mandolinas, sus sombreros adornados de sonajas y azucenas, sus colores…
Aquí le dieron soplo de vida a sus afamadas tablas, aquellas que los compadres sarhuinos se regalan en los safatecho, los matrimonios y otras fechas importantes.
El medio centenar de músicos y bailarines del Conjunto Nacional de Folklore de la Escuela Nacional de Folklore José María Arguedas cantan y hacen coreografías interpretando lo que las tablas de Sarhua “dicen”; esos pedazos de madero donde se representa la vida de este pueblo de la provincia ayacuchana de Víctor Fajardo.
LUM sarhuino
El primer domingo (8 de abril), entre cantos y labores comunales del Yarqa Aspiy o “La limpia de la acequia”, el cóndor apareció y echó ojo a una bella niña de sombrero, a quien conquistó y raptó. Testigos fuimos doscientas personas en la explanada del Lugar de la Memoria.
La siguiente fecha, 15 de abril, fue un día en que los adultos volvieron a ser niños. Juego, parte del gozo de la vida en esta comunidad ayacuchana que conoció de muertes durante los 20 años de guerra interna entre Sendero Luminoso y las fuerzas del orden.
Indistintamente, vendan los ojos a un hombre o a una mujer, quien intenta adivinar, siguiendo los sonidos, silbidos y la repetición de la frase “¡Allinaysu tic tic!”, el lugar dónde se esconden los demás participantes mientras la fiesta de carnaval llena con su alegría el Lugar de la Memoria.
Danza la pintura
‘Sarhua, tablas de vida’ es un espectáculo de danza a cargo del Conjunto Nacional de Folklore, una institución artística presente en el país desde la década de 1970.
“Lo que le ha interesado al conjunto es mirar las pinturas de las tablas de Sarhua, que son las vivencias propias del pueblo, y plasmarlo, a través de la corporalidad y del movimiento en la danza, en formatos escénicos de microformatos”, explica Luz Gutiérrez Privat, directora del Conjunto Nacional de Folklore.
En cada fecha, la experiencia escénica dura alrededor de 40 minutos. Cada domingo “es una propuesta distinta. Pero el eje temático es Sarhua”. Porque si bien el conjunto estrenó la obra en 2010 como un único trabajo escénico, hoy retorna dividido en microformatos.
Hace ocho años, el conjunto realizó una investigación in situ en esta comunidad ayacuchana, para comprender las leyendas, los mitos, el fuego de la danza y los cantos. Después, recibieron aportes de los sarhuinos que radican en Chorrillos, incluyendo a los maestros artesanos Pompeyo Berrocal y Primitivo Evanan, quienes han aportado mucho para este espectáculo. Y los músicos del conjunto se han robustecido con la presencia escénica de dos cantantes y dos músicos sarhuinos.
Justo, este año el Ministerio de Cultura está viabilizando la propuesta de Primitivo Evanan para que las tablas de Sarhua sean reconocidas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.
“Para ‘Sarhua, tablas de vida’ hemos trabajado de la mano durante todo el proceso artístico de creación, yo les traía los ensayos, les decía qué sienten, porque nosotros como artistas hacemos una proyección del hecho folclórico y, al mismo tiempo, ellos han comprendido la mirada escénica que se da al ‘folclor de proyección’. Los sarhuinos [una docena de ellos que se unen cada semana] no están de adorno, sino que participan y le dan sus recomendaciones. Es un proceso que nunca acaba y donde no sientes que estás manipulando el folclor, sino que están trabajando en un proceso creativo”, explica la directora.
Corazón contento
El trabajo de intervención del conjunto en el LUM dura menos de una hora, pero el público termina feliz. Niños, jóvenes y adultos participan de la performance, comparten la comida y bailan cuando son invitados al pasacalle, como en los pueblos, y los que vienen de familias del interior gozan y sienten nostalgia. Al finalizar, se toman fotografías con los bailarines, hacen preguntas a los maestros sarhuinos, todo ello gracias a que aquí no existe la famosa “tercera pared” del teatro.
“Es lo que buscamos, acercar todo lo que viene de la misma cultura, y leerlas con un formato escénico-contemporáneo desde la danza y las artes.
¿Qué se viene? Cuando el conjunto ponga punto final a ‘Sarhua, tablas de vida’, empezará los ensayos de su siguiente propuesta escénica con base en el criollismo, pero contemporáneo, también viajarán a la Universidad del Altiplano en Puno y por 10 días a la región San Martín: Lamas, Moyobamba, Tarapoto. Anunciado está.
Dato
250 a más personas asisten a cada fecha en el LUM.